Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

lunes, 27 de noviembre de 2017

El bosque oscuro de Cixin Liu

El bosque oscuro de Cixin Liu            A decir verdad la primera parte de El Bosque oscuro de Cixin Liu no ha podido ser más decepcionante, aunque el último tercio del libro que inicia la trilogía, El problema de los tres cuerpos, ya parecía augurar este declive. Leí esta novela hace un año y hubo dos elementos que me atrajeron y sorprendieron. Me refiero por un lado al momento histórico tan crucial en el que se desarrolla gran parte del libro (La revolución cultural china), de la que el autor habla sin omitir ninguno de los horrores que sucedieron entonces (sorprende que pudiera ser publicada en su integridad en China), y por otro lado el imaginativo mundo de los tres soles que en ella se describe, un mundo que por sí sólo hace que el libro merezca la pena ser leído. Sin estos dos elementos de la trama, que quedan relegados al final de la novela, El problema de los tres cuerpos pierde toda su fascinación. El bosque oscuro es continuación directa de esta última parte de la novela, con lo que arrastra consigo todos sus defectos y muy pocos de sus atractivos.

            Desde el inicio del libro cuesta concentrarse en los numerosos personajes que Cixin Liu nos presenta sin que sepamos muy bien a dónde quiere llevarnos. Carecen de interés y cuesta recordar quién es quién, sobre todo para un occidental como yo al que todos los nombres le suenan igual. Se nos cuenta sobre un plan para combatir a los Trisolarianos. Como recordarán los que leyeron El problema de los tres cuerpos, a consecuencia de los “sofones” enviados por los Trisolarianos, nada de lo que ocurre en la Tierra a excepción de los pensamientos humanos escapa a su observación. Para empeorar aún más las cosas, estas escurridizas partículas impiden que la ciencia humana pueda avanzar. No me pidan que explique lo que son los “sofones”, porque no hay nadie que lo entienda. Piensen en protones desestructurados como las tortillas de patatas de la cocina de autor, yo así me los imagino aunque de poco me sirve. Bueno, el caso es que para combatir a los Trisolarianos, a Naciones Unidas no se le ocurre nada mejor para evitar que los“sofones” intercepten sus planes que elegir a una serie de personas con el fin de que cada una de ellas idee una estrategia de defensa, la guarde en su mente y no la comparta con nadie. A estos elegidos se les denomina “vallados” y la responsabilidad de salvar la Tierra queda por completo en sus manos. La historia avanza dando bandazos y demorándose en exceso. Tras varios hermosísimos amaneceres y atardeceres y algún que otro cielo azul pero que muy azul, la cosa por fin se pone interesante. Han hecho falta doscientas páginas.

            La novela es muy irregular y hay momentos fantásticos en los que comprendes por qué sigues leyendo ciencia-ficción que se alternan con otros realmente fastidiosos y aburridos. También es cierto que para poder disfrutar de estos momentos cumbre hay que hacer bastantes concesiones a la credulidad, porque en el fondo todo esto de los “vallados” y lo de los “sofones” es de lo más descabellado. En El Bosque oscuro se hacen más acusados los defectos de Cixin Liu a la hora de narrar. Las explicaciones que pone en boca de sus personajes se hacen más prolijas y la trama se vuelve más dispersa hasta el punto de que existen partes y personajes que podrían eliminarse fácilmente sin que el relato se resintiera. Los giros narrativos se multiplican y repiten hasta el punto de que uno acaba sospechando que el plan de tal personaje y de aquel otro no es lo que parece. Aún y todo, gracias a esas perlas que se guarda el bueno de Liu, uno acaba enganchándose a la lectura.

            La novela está escrita de una manera clásica, apoyándose mucho en los diálogos y en la lógica, lo que recuerda mucho a Asimov. Puede que su forma de abordar la literatura resulte hoy en día algo anticuada, pero lo bueno de que no se embarque en experimentos literarios es que se entiende lo que dice. Liu es un escritor que rebosa ideas, así en El Bosque oscuro llega incluso a concebir una explicación muy peculiar a la famosa paradoja de Fermi. En definitiva un libro que sólo recomendaría a los lectores muy asiduos de Ciencia-ficción.

lunes, 13 de noviembre de 2017

La casa del callejón de David Mitchell

La casa del callejón de David Mitchell            Siempre es un placer encontrarse con un nuevo libro de David Mitchell y más aún cuando apenas sobrepasa las 200 páginas. Acostumbrados como estamos a leer tochos suyos de 600 ó incluso de 700 páginas, como tenía su último libro, Relojes de hueso, esta disminución de tamaño supone una grata sorpresa. Llama también la atención que Mitchell haya optado por el  terror de corte fantástico y aún más que se haya ceñido al subgénero de casas encantadas. La literatura está llena de valiosos ejemplos de relatos de este tipo, clásicos como La caída de la casa Usher de Allan Poe, Otra vuelta de tuerca de Henry James o La casa en el confín del mundo de William Hope Hodgson y los que más repercusión han tenido en la literatura más reciente de casas encantadas: La maldición de Hill House de Shirley Jackson, La casa infernal de Richard Matheson y El resplandor de Stephen King. Con todos estos títulos (estos son sólo unos pocos), cabría pensar que queda muy poco margen para innovar en el género. A mí, que siempre me ha gustado la literatura de terror, he de confesar que las historias sobre casas encantadas nunca me han atraído en exceso. Mi impresión personal es que se trata de un subgénero muy gastado en el que queda poco o nada por inventar.

            Lo que sucede es que hablamos de un autor como David Mitchell cuya versatilidad ya quedó suficientemente acreditada en sus libros de historias conectadas (Escritos fantasma o El atlas de la nubes). Nos encontramos ante un escritor que destaca por su facilidad para crear personajes, no hablo sólo de los principales, hasta la figura más secundaria de sus libros suele mostrar una personalidad diferenciada. Sus tramas polifacéticas, engarzadas entre sí para componer una historia más compleja han acabado por constituir el distintivo de su obra. En este caso, sin embargo, Mitchell ha optado por escribir una historia mucho más sencilla, con menos personajes y más fácil de seguir. Podría decirse que en La casa del callejón se ha esmerado especialmente en que todo encaje a la perfección, como si quisiera dejar bien claro que aunque los sucesos que se relatan se desarrollan en el terreno de lo fantástico se rigen por una lógica inexorable. Al final del libro, como en las novelas de Agatha Christie, todo es perfectamente explicado de manera que no queda ningún misterio sin esclarecer, algo que puede sorprender en un relato de terror. El género de terror suele aprovecharse del miedo que todos tenemos a  lo desconocido, a lo imprevisible, a lo que no podemos controlar. Mitchell, sin embargo, en su penúltimo capítulo descubre sus cartas y apenas deja nada a nuestra imaginación. Todos los capítulos previos hasta ahora habían comenzado con alguien adentrándose en la misteriosa casa llamada “Slade House” y ocasionando que toda la parafernalia de apariciones y de sucesos extraños  habitual en este tipo de relatos se ponga  en marcha, pero en el penúltimo capítulo Mitchell rompe parcialmente con esta estructura, al tiempo que pone al descubierto la trama. Como consecuencia de ello el capítulo final pierde gran parte de su capacidad para sorprendernos.

            En La casa del callejón, como que suele ser habitual en los libros de Mitchell, nos  reencontramos con algunos de los personajes de sus libros anteriores. Concretamente en éste volvemos a toparnos con los enigmáticos Uróforos y Anacoretas que hicieron su presentación en Relojes de hueso. No desvelaré quienes son y pienso que cuanto menos se sepa de ellos mayor será el disfrute del libro, por lo que quizás sea mejor no haber leído su anterior novela.

            La casa en el callejón es una obra de una sencillez sorprendente, ingeniosa y amena en la que Mitchell vuelve a demostrarnos su gran talento. Se trata de una novela menos ambiciosa que las anteriores, pero impecable en su ejecución y con un final digno. Sin embargo para tratarse de una novela de terror echo en falta ese misterio del que hablaba antes. Además el autor ha prescindido casi por completo del enorme poder de la sugerencia a la hora de atemorizarnos, puede que en aras de una mayor verosimilitud. En cualquier caso una buena manera de introducirse en la obra de este autor inglés.

domingo, 29 de octubre de 2017

El archivo de atrocidades de Charles Stross

El archivo de atrocidades de Charles Stross            Aquí estamos otra vez a vueltas con Charles Stross. Después de la mala experiencia que supuso para mí su Accelerando he decidido darle otra oportunidad. También he de reconocer  que probablemente sea la única persona en el mundo al que no le ha gustado el libro así que no deben hacerme mucho caso. En fin, tras haber leído El archivo de atrocidades podría decirse que me he reconciliado a medias con el autor.

            En sí la idea del libro no es mala y me gusta el tono fresco y descarado con el que se trata  la ciencia. No es fácil hoy en día encontrar libros de ciencia-ficción que no se tomen a sí mismos demasiado en serio, obras como las que escribían Fredric Brown, Bob Shaw o Robert Sheckley, divertidas y muy imaginativas. Así que la idea de Stross de que la formulación de ciertos teoremas matemáticos complicados nos pueda abrir la puerta a otros mundos, o invocar a criaturas dignas de Lovecraft resulta original y posee un gran potencial cómico. Lo cierto es que las nuevas teorías matemáticas y físicas resultan francamente esotéricas y darían lugar para un artículo en el que se comentara su inverosimilitud, artículo que quizás yo me atreva a escribir algún día si no se me adelanta nadie antes. Pongamos como ejemplo la teoría de las supercuerdas, que requiere de la existencia de 11 dimensiones para poder ser consistente o la teoría cuántica, que para explicar ciertos fenómenos físicos considera las partículas como si fueran ondas y en cambio para interpretar otros necesita dotarlas de una naturaleza corpuscular. Teorías muchas de ellas ininteligibles y locas, dignas de Abdul Alhazred, autor del “Necronomicón”. Tal vez aprovechándose de este lío monumental que padece la ciencia Stross ha imaginado una agencia estatal secreta en el Reino Unido llamada “La lavandería” que se ocupa de velar por que nadie traspase ciertos límites e invoque por accidente a criaturas que pondrían en peligro a la humanidad o al mismo universo.

            Por otro lado la trama que se cuenta es en sí bastante tópica y peca de elevadas dosis  de ingenuidad, a saber, chico que conoce al amor de su vida al tiempo que se convierte en el héroe que salva al mundo. Argumento típico de las antiguas revistas “pulp”. El tono jocoso e irónico en que está escrito (el protagonista es una especie de "geek") podría resultar francamente  divertido si no fuera por la manía que tiene de explicarlo todo y por un exceso de charlatanería sin sentido con intenciones humorísticas. Stross resulta en ocasiones un poco agotador como consecuencia de la acumulación de chistes de estudiantes de ciencias y de algunas anécdotas superfluas que impiden que la trama acabe de arrancar. Tanto es así que llega un momento, como ya me ocurrió con su novela Accelerando, que me dieron ganas de dejarlo. Stross necesita concentrarse más en el ritmo de la narración y contenerse a la hora de hacerse el gracioso. Por suerte, luego la historia remonta y sin ser nada del otro jueves consigue que sonrías y que al final pases un buen rato.

            El libro se completa con otro relato de “La lavandería” titulado La Jungla de cemento, que por lo visto ganó el premio Hugo a la mejor novela corta en 2005. En este relato, que tiene al mismo protagonista, el autor se burla aún más de las luchas de poder que se producen en la agencia de servicios secretos británica y de los excesos burocráticos que entorpecen el funcionamiento de dicha oficina. De este relato lo que más me llama la atención es una de las teorías conspiratorias más locas y maquiavélicas que he leído nunca. Sólo diré, para no desvelar el misterio, que está relacionado con la protección del copyright. En definitiva, una lectura intrascendente, refrescante, divertida y tediosa a ratos que puede gustar a un determinado público.

Así que ya saben, cerebritos en ciernes, mejor dejen quietas “La conjetura de Poincaré” o “La hipótesis de Riemann” y pónganse a ver Master Chef, no vayan a conjurar al mismísimo...
            Ph'nglui mglw'nafh Cthulhu R'lyeh wgah'nagl fhtagn.

lunes, 16 de octubre de 2017

"La carrera" de Nina Allan

"La carrera" de Nina Allan            Cuando me enfrento a este libro apenas conozco nada de Nina Allan. Sé que la nacionalidad de la autora es inglesa y por alguna misteriosa razón también recuerdo que su pareja es Christopher Priest, al que por cierto parece dedicarle la obra. No es mucho, sin embargo el simple hecho de que sea publicado por Ediciones Nevsky constituye suficiente garantía para que le dé una oportunidad.

            Debido a su estructura fragmentaria, La carrera no es una novela fácil de reseñar. En seis capítulos más un apéndice se nos relata la vida de cuatro personajes diferentes lo que ocasiona que la trama quede bastante desdibujada y no resulte sencillo resumirla y aún menos darle una interpretación clara. A pesar de ello he de decir que los dos primeros capítulos me parecieron realmente magníficos, Allan logró conquistarme desde las primeras líneas con su prosa envolvente e intimista. El primer capítulo se desarrolla en una Inglaterra empobrecida y devastada por el fracking, un mundo condicionado por un medio ambiente envenenado debido a la intervención humana, que ha dejado a su alrededor industrias ruinosas y minas abandonadas. En este desalentador entorno se nos cuenta la complicada relación que mantiene la joven Jenna con su imprevisible e impulsivo hermano. Cuando empecé la lectura del libro me chocó en un primer momento el apresuramiento con que se contaba todo lo que iba sucediendo, luego comprendí que quedaba perfectamente justificado por la edad de su protagonista, Jenna, que es también quien narra los hechos. El segundo capítulo es aún mejor, a pesar de la trampa que se descubre nada más comenzar (precisamente ahí, en la trampa, radica la conexión con el capítulo anterior). Su protagonista, Christy, nos vuelve a narrar una difícil situación familiar que parece tener sospechosos vínculos con la historia previa de Jenna: la amenaza una vez más de un hermano que se presiente violento y el vacío dejado por una madre que ha huido dejando a sus dos hijos y a su marido. Allan escribe con sencillez y sensibilidad y parece tener todavía las cosas claras. El siguiente capítulo está dedicado a Alex, y a partir de aquí el libro comienza a decaer. La historia de Alex sirve únicamente para explicar unos hechos que no quedan aclarados en el capítulo anterior. Allan se equivoca al incrustar en la mitad del libro este aburrido relato. La autora podría haberse valido de una forma menos discordante e incluso podía haberlo dejado pasar. Lo cierto es que el dato que se nos proporciona apenas aporta nada y despoja al relato de un misterio que queda bien.
 
            En el resto de capítulos Allan parece perder parte de la inspiración que gozaba  en los precedentes e incluso sus metáforas resultan ser mucho menos acertadas. La historia avanza sin un rumbo claro y la autora no acaba de decidirse entre centrarse en sus personajes o en apuntalar la trama. No todo es desastroso, hay momentos en que la autora recupera su buen hacer, pero la sensación que queda al final del libro es la de que podía haber sido mejor.
 
            Allan parece querer quedar bien con los movimientos más combativos en la actualidad, con el colectivo LGTB, con los grupos feministas, con los que son discriminados debido a su raza y si esto no fuera suficiente nos deja claro su firme defensa del ecologismo. Todo este “buenrollismo” resulta algo forzado y no armoniza con el tono sombrío de la mayor parte de la obra. La idea principal que parece subyacer en todos los capítulos de la novela, la dificultad de comunicarnos con otras especies, queda perdido entre toda esa maraña de personajes y tramas secundarias. Quedémonos con lo que La carrera podía haber sido si Allan hubiera sabido mantener el buen nivel de los primeros capítulos. En cualquier caso una autora a tener presente.

lunes, 25 de septiembre de 2017

El señor de las muñecas y otros cuentos de terror de Joyce Carol Oates

El señor de las muñecas y otros cuentos de terror de Joyce Carol Oates            Joyce Carol Oates forma parte de esos escritores como Philip Roth, Margaret Atwood, o Haruki Murakami que siempre están en las listas que confeccionan los medios (cuya procedencia nunca se conoce) de los candidatos con más probabilidades de ganar el Nobel de literatura. Con gran parte de su obra sin leer no puedo juzgar si Oates es merecedora de este premio, pero lo que no me cabe duda es de que se trata de una escritora portentosa, de esas que poseen una facilidad especial para construir tramas y personajes. Con admirable sencillez Oates es capaz de introducirse en la mente de cualquiera de sus protagonistas desde el más odioso hasta el más inocente y narrarnos lo que piensan y sienten con una veracidad pasmosa. Y da lo mismo que lo haga en primera o tercera persona, Oates consigue siempre que los comprendamos y vivamos la historia que nos cuenta como si estuviéramos dentro de sus cabezas. Esta facilidad para describir la personalidad de sus protagonistas y de hilvanar historias con ellos a veces juega también en su contra. Por ejemplo su novela La hija del sepulturero (Alfaguara) sería una obra maestra de la novela gótica si no fuera por ese último tercio excesivamente largo. Mientras leía dicha obra comprendí las facultades de su autora para escribir terror. Por eso en cuanto vi que “Alba Contemporánea” editaba El señor de las muñecas y otros cuentos de terror no dudé en comprarlo, más aún sabiendo que había recibido el premio Bram Stoker del 2016 a la mejor colección de relatos(un breve vistazo a internet me permite averiguar que ya había ganado en 1995 este premio, aunque en esa ocasión por su novela Zombi (Lumen)). También en 2016 ganó  el premio al mejor relato por The Crawl Space.
 
            Es muy probable que los lectores habituales de terror se lleven una decepción con El señor de las muñecas y otros cuentos de terror. Con esto no estoy diciendo que los relatos sean malos sino que hay que hilar muy fino para considerarlos del género de terror. En los cuentos de este libro más que terror sentimos angustia ya sea por lo que les sucede o por lo que pueda ocurrirles a sus protagonistas (los finales abiertos hacen sospechar lo peor). En los relatos de Oates no hay fantasmas ni criaturas aberrantes acechándonos desde el más allá, el miedo lo provocan los mismos seres humanos, ya se trate de una mente perturbada o venga dado por la presión que ejerce la familia o una sociedad enferma.
 
            El relato que da título al libro, El señor de las muñecas, y Mamaíta son los que más se aproximan al género de terror. En el primero Oates se mete en la mente de un hombre trastornado y nos narra su obsesión por las muñecas. Aunque desde el principio se intuye lo que ocurre, Oates con una sencillez sorprendente realiza la vivisección de un cerebro enfermo. Mamaíta es un cuento clásico sobre lo que le ocurre a los niños que confían en extraños, pero renovado por la pluma de Oates resulta una delicia.
            El tema que se trata en Soldado está mucho más alejado de lo que suele considerarse literatura de terror. El horror está en esa fracción fanática de la sociedad americana que es retratada por la autora con cierta distancia.
            En Accidente por arma de fuego Oates hace exhibición de sus grandes dotes como narradora haciéndonos vivir tanto el terror de su protagonista como la paradójica atracción que  siente hacia su atacante.
            La inseguridad de la protagonista de Ecuatorial hace que viva atemorizada por un marido que parece menospreciarla, pero al que sin embargo ama. ¿La acabará matando? Un suspense bien llevado, que a mi parecer se alarga en exceso.
            Con Misterios S.A. Oates pone fin a la antología con un relato en el que deja patente su amor por la literatura de misterio.
 
            Una excelente antología que se ve perjudicada por algún fallo de edición, pero recomendable para establecer un primer contacto con esta veterana y prolífica autora.

lunes, 11 de septiembre de 2017

El zoo de papel y otros relatos de Ken Liu

El zoo de papel y otros relatos de Ken Liu            Oriente está de moda.  Desde hace unos años todo lo que venga de China o de Japón atrae cada vez a más público. Al decir esto no descubro nada nuevo. Nada tengo que objetar a este hecho, incluso me parece estupendo dado que llevamos demasiado tiempo dominados por la cultura anglosajona, sin embargo lo más probable es que se trate de una moda más que el ávido mercado intenta aprovechar. Existe incluso una editorial, Satori Ediciones, muy interesante por cierto, dedicada exclusivamente a la literatura Japonesa. Esta moda, al igual que la creciente fascinación por los shushis, proviene como en la mayoría de las ocasiones de EEUU.
 
            La concesión a Cixin Liu en 2015 del premio Hugo (si es que eso significa algo) por su novela El problema de los tres cuerpos ha extendido este auge de la cultura oriental a la literatura fantástica. Gran parte de la culpa de este fervor lo tiene el escritor de origen chino Ken Liu, autor del libro que nos ocupa. Con sólo once años se trasladó a EEUU, pero la cultura china ya había calado hondo en él. Precisamente Ken Liu tradujo al inglés la popular novela de Cixin Liu y recientemente ha reunido en una antología titulada Invisible planets lo mejor de la ciencia-ficción china contemporánea, que será publicada en la colección Runas de Alianza Editorial. De Ken Liu se habían publicado en España varios relatos así como su novela de fantasía La gracia de los reyes. Yo sólo conocía dos de sus relatos, Quedarse atrás y Algoritmos para el amor; el primero publicado en la web de Marcheto “Cuentos para Algernon” y el segundo en la recopilación de Mariano Villarreal titulada A la deriva en el mar de las lluvias. Dos relatos que están bien (me gustó más el primero), pero que por sí solos no pueden explicar la enorme expectación que ha originado El zoo de papel y otros relatos. Es verdad que no he leído La gracia de los reyes, (la fantasía épica no me seduce) y a lo mejor es tan rematadamente buena que por eso ha logrado captar el interés de tantos aficionados a la literatura  fantástica. Lo cierto es que mis expectativas al empezar este libro eran también muy altas, algo que la magnífica edición en pasta dura y la bonita portada no hacían sino alimentar. Expectativas que por desgracia se han cumplido a medias.
 
            Ken Liu es un escritor correcto pero que a pesar de la sensibilidad que intenta mostrar  no ha logrado cautivarme. Sus relatos en general son de lectura fácil y se leen con agrado aunque poco más se puede decir de ellos, y eso que el exotismo chino que los envuelve juega en la mayoría de los casos a su favor para un lector occidental.
 
            Su primer relato Acerca de las costumbres de la elaboración de libros en determinadas especies, es uno de los más originales. Recuerda un poco a Borges y a Calvino, aunque el hecho de estar escrito a modo de tratado científico lo hace un tanto pesado. Le gustan estos títulos largos y pseudo-académicos a Ken Liu.
            Cambio de estado, es un relato bastante original lastrado por un final moralizante en exceso.
            A Como anillo al dedo le sucede lo que a muchos de los relatos de la antología, le falta garra y capacidad de inquietar y puede que su planteamiento naif no juegue a su favor.
            Buena caza es un bello relato de fantasía en el que me molesta ese tono nostálgico de un pasado lleno de supersticiones frente al mundo moderno.
            El literomante es desde mi punto de vista uno de los mejores relatos de la antología. En él se nos narra unos hechos poco conocidos sobre la colaboración de EEUU durante la guerra fría con el gobierno de Taiwán y de la psicosis comunista existente en el momento.
            Simulacro parte de una idea interesante, pero su final se intuye con demasiada facilidad.
            Regulada es un relato policial apañado, aunque malogrado a causa de un típico final de telefilme en el que a su protagonista se le brinda una nueva oportunidad para superar un viejo trauma.
            El zoo de papel es un relato cruel, perjudicado por un exceso de melodrama.
            Manual comparativo ilustrado de sistemas cognitivos para lectores avanzados (como decía, le gustan estos títulos a Ken Liu) y Las olas son representativos de lo que menos me gusta del libro. Un tono en exceso sensiblero que Ken Liu parece confundir con lo que es auténtica  poesía. A estos dos relatos podríamos añadir el titulado Mono no aware historia típica de héroe que se sacrifica para salvar a todos y en la que el autor se emplea a fondo para crear un final lacrimógeno.
            Todos los sabores es un relato agradable sobre los chinos que emigraron a EEUU creyendo que harían fortuna trabajando en la construcción del ferrocarril. Tiene la virtud de contar con unos protagonistas muy simpáticos aunque poco más puede decirse de esta narración que bien podría ser un episodio de La Casa de pradera.
            Más divertido resulta ser El maestro de litigios y el rey mono, que cuenta además con la novedad de que se desarrolla en el siglo XVIII.
            El hombre que puso fin a la historia: documental se basa en las atrocidades cometidas por el escuadrón 731 durante la segunda guerra mundial. El problema que plantea recuerda mucho al que se debate en España en los últimos años sobre el derecho de los descendientes de las víctimas de la guerra civil a recuperar los cuerpos de sus familiares. El relato es interesante  sin embargo la tediosa machaconería con que está narrado y un final forzado al melodrama lo echa a perder. 
 
            Los relatos de El zoo de papel y otros relatos resultan en general amenos, asimismo nos hacen reflexionar en muchas ocasiones sobre cuestiones interesantes y cuentan con el añadido del exotismo de oriente además de un toque fantástico o de ciencia-ficción, pero a pesar de los muchos premios recibidos no puedo decir de ninguno de ellos que sea una obra maestra.

martes, 25 de julio de 2017

Carbono modificado de Richard Morgan

Carbono modificado de Richard Morgan            La editorial Gigamesh, que lleva un año imparable, ha reeditado esta novela de Richard Morgan publicada antes por Minotauro con el título de Carbono alterado (en inglés, Altered carbon, 2002). Esta nueva traducción, según se dice en la presentación del libro, está avalada por el propio Morgan, que habla con fluidez el castellano, así que no voy a entrar a comentar las distinciones semánticas entre los vocablos “alterado” y “modificado”. En cualquier caso, me alegro de que se haya reeditado esta notable fusión entre novela negra y ciencia-ficción.

            El planteamiento inicial de Carbono modificado es el clásico en una novela negra, es decir, la investigación de un incomprensible crimen. Lo sorprendente, y aquí ya entran elementos de ciencia-ficción, es que la víctima y el adinerado hombre que contrata los servicios del protagonista para averiguar lo sucedido son la misma persona. Esto es posible gracias a lo que llaman el “reenfundado”, que consiste en la introducción de la personalidad de alguien en otro cuerpo que puede ser un clon del original, un cuerpo ajeno o incluso uno creado artificialmente. En el futuro en el que se desarrolla la novela todas la personas llevan insertado en la nuca un diminuto dispositivo denominado pila cortical que almacena tanto su conciencia como sus recuerdos. La pila cortical permite que la muerte no sea definitiva y que baste con introducir este dispositivo en otro cuerpo, lo que denominan enfundado, para que cualquiera vuelva a la vida. Sin embargo, debido al coste que supone, sólo los más poderosos pueden permitirse almacenar clones de sí mismos. Morgan sabe aprovechar los recursos narrativos que le proporciona esta tecnología y además de una atractiva intriga detectivesca logra escribir una trepidante novela de acción. Como suele ser habitual en este tipo de tramas nadie es quien parece ser, el relato da bastantes vueltas y sólo tras muchos trompicones, disparos, desengaños, mucho sexo y violencia llega a su fin. Morgan lo hace bien, aunque puede que se le vaya un poco la mano con los continuos giros que da la historia. Hay quien dice que es poco original, que la idea de recuperar la personalidad tras la muerte ya se le había ocurrido antes a Greg Egan, pero, aparte de la dificultad que supone  inventar algo nuevo, es bastante habitual en el mundo literario utilizar ideas de otros escritores si éstas cuentan con potencial de sobra. Que se lo digan a Wells, ¿cuántos  relatos se han escrito y se escribirán sobre viajes en el tiempo? O a Karel Capek, al que se debe el término robot. La idea de la pila cortical es demasiada buena y estoy convencido de que en el futuro proliferarán las narraciones que se  aprovecharán de ella. Sin ir más lejos la novela Tocando fondo (Down and Out in the Magic Kingdom, 2003) de Cory Doctorow también se basa en este concepto.

            Existen muy buenos ejemplos de novela negra dentro de la ciencia-ficción y yo tenía la creencia de que además abundaban, sin embargo al ponerme a pensar en títulos no he logrado encontrar tantos. Si tuviera que confeccionar una lista, sin lugar a dudas la encabezaría con el extraordinario El hombre demolido de Alfred Bester; muchos pondrían a continuación el sobrevalorado Neuromante de William Gibson, aunque yo prefiero mil veces antes Cuando falla la gravedad de George Alec Effinger. Podríamos considerar también pertenecientes al subgénero la ingeniosa aunque dilatada en exceso Gente de barro de David Brin, la imaginativa La ciudad y la ciudad de China Miéville, quizás Cuarentena de Greg Egan... ah, y las novelas de Lavie Tidhar (que por cierto no salen muy bien paradas en este blog), pero no existen tantas obras como cabría esperar en principio[1]. Es una verdadera lástima, sobre todo para los que disfrutamos de este mestizaje de géneros. Por suerte, con Carbono alterado Morgan inicia una serie con el mismo protagonista que se desarrolla dentro del género de la novela negra y que tiene como elemento común el mismo protagonista. Sólo nos cabe esperar que el resto de novelas de la serie tenga la misma calidad.

[1] No incluyo las obras de Asimov con el robot detective Daneel Olivaw, que considero novelas policiacas pero no novela negra.