Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

martes, 25 de julio de 2017

Carbono modificado de Richard Morgan

Carbono modificado de Richard Morgan            La editorial Gigamesh, que lleva un año imparable, ha reeditado esta novela de Richard Morgan publicada antes por Minotauro con el título de Carbono alterado (en inglés, Altered carbon, 2002). Esta nueva traducción, según se dice en la presentación del libro, está avalada por el propio Morgan, que habla con fluidez el castellano, así que no voy a entrar a comentar las distinciones semánticas entre los vocablos “alterado” y “modificado”. En cualquier caso, me alegro de que se haya reeditado esta notable fusión entre novela negra y ciencia-ficción.

            El planteamiento inicial de Carbono modificado es el clásico en una novela negra, es decir, la investigación de un incomprensible crimen. Lo sorprendente, y aquí ya entran elementos de ciencia-ficción, es que la víctima y el adinerado hombre que contrata los servicios del protagonista para averiguar lo sucedido son la misma persona. Esto es posible gracias a lo que llaman el “reenfundado”, que consiste en la introducción de la personalidad de alguien en otro cuerpo que puede ser un clon del original, un cuerpo ajeno o incluso uno creado artificialmente. En el futuro en el que se desarrolla la novela todas la personas llevan insertado en la nuca un diminuto dispositivo denominado pila cortical que almacena tanto su conciencia como sus recuerdos. La pila cortical permite que la muerte no sea definitiva y que baste con introducir este dispositivo en otro cuerpo, lo que denominan enfundado, para que cualquiera vuelva a la vida. Sin embargo, debido al coste que supone, sólo los más poderosos pueden permitirse almacenar clones de sí mismos. Morgan sabe aprovechar los recursos narrativos que le proporciona esta tecnología y además de una atractiva intriga detectivesca logra escribir una trepidante novela de acción. Como suele ser habitual en este tipo de tramas nadie es quien parece ser, el relato da bastantes vueltas y sólo tras muchos trompicones, disparos, desengaños, mucho sexo y violencia llega a su fin. Morgan lo hace bien, aunque puede que se le vaya un poco la mano con los continuos giros que da la historia. Hay quien dice que es poco original, que la idea de recuperar la personalidad tras la muerte ya se le había ocurrido antes a Greg Egan, pero, aparte de la dificultad que supone  inventar algo nuevo, es bastante habitual en el mundo literario utilizar ideas de otros escritores si éstas cuentan con potencial de sobra. Que se lo digan a Wells, ¿cuántos  relatos se han escrito y se escribirán sobre viajes en el tiempo? O a Karel Capek, al que se debe el término robot. La idea de la pila cortical es demasiada buena y estoy convencido de que en el futuro proliferarán las narraciones que se  aprovecharán de ella. Sin ir más lejos la novela Tocando fondo (Down and Out in the Magic Kingdom, 2003) de Cory Doctorow también se basa en este concepto.

            Existen muy buenos ejemplos de novela negra dentro de la ciencia-ficción y yo tenía la creencia de que además abundaban, sin embargo al ponerme a pensar en títulos no he logrado encontrar tantos. Si tuviera que confeccionar una lista, sin lugar a dudas la encabezaría con el extraordinario El hombre demolido de Alfred Bester; muchos pondrían a continuación el sobrevalorado Neuromante de William Gibson, aunque yo prefiero mil veces antes Cuando falla la gravedad de George Alec Effinger. Podríamos considerar también pertenecientes al subgénero la ingeniosa aunque dilatada en exceso Gente de barro de David Brin, la imaginativa La ciudad y la ciudad de China Miéville, quizás Cuarentena de Greg Egan... ah, y las novelas de Lavie Tidhar (que por cierto no salen muy bien paradas en este blog), pero no existen tantas obras como cabría esperar en principio[1]. Es una verdadera lástima, sobre todo para los que disfrutamos de este mestizaje de géneros. Por suerte, con Carbono alterado Morgan inicia una serie con el mismo protagonista que se desarrolla dentro del género de la novela negra y que tiene como elemento común el mismo protagonista. Sólo nos cabe esperar que el resto de novelas de la serie tenga la misma calidad.

[1] No incluyo las obras de Asimov con el robot detective Daneel Olivaw, que considero novelas policiacas pero no novela negra.

miércoles, 12 de julio de 2017

Cáscara de nuez de Ian McEwan

Cáscara de nuez de Ian McEwan            Evidentemente esta novela tiene poco que ver con la ciencia-ficción, sin embargo no me he podido resistir a reseñarla aquí por estar narrada nada más y nada menos que por un feto, una idea que me parece digna de un autor de ciencia ficción. A decir verdad, McEwan no ha sido el primero, existe un viejo relato de Brian W. Aldiss, que pueden encontrar En la estrella imposible, titulado Psíclopes en la que un embrión humano se comunica telepáticamente con su padre. El relato está contado en primera persona desde el punto de vista del feto y cuando su padre establece contacto por primera vez con él se lleva una buena sorpresa, pues no acaba de comprender que exista algo que no sea él, puro solipsismo. En cambio el protagonista y narrador de Cáscara de nuez es en todo momento consciente de ser tan sólo un feto y sabe que flota en el líquido amniótico dentro del cuerpo de una mujer a la espera de nacer. El gran mérito de McEwan es haber logrado escribir íntegramente una novela con la considerable limitación que supone un narrador encerrado durante todo el tiempo en el útero materno. McEwan demuestra aquí su experiencia y solventa el difícil reto con mucho humor y talento.

            Lo primero que choca de  Cáscara de nuez  es la personalidad arrolladora que el escritor inglés confiere a su hombrecito en ciernes. No llegamos a conocer su nombre, pero sí sus gustos, que no son precisamente los de un bebé ni tampoco los de una persona común. Las preferencias de la criatura están perfectamente asentadas y sería fácil imaginar que el Nesquik o los helados estarían entre ellas, pero no, lo que le gusta es el vino francés y no el de cualquier añada. Además de tener ideas bien claras sobre gastronomía, el nonato se permite opinar sobre cualquier tema ya sea de política internacional, del calentamiento global, de teorías agoreras sobre el futuro y de poesía inglesa. Nada se le escapa y así acaba por resultar el personaje más cabal de la novela. La arriesgada decisión de convertir al embrión en una especie de adulto (yo me imagino al propio McEwan encogido en posición fetal dentro del útero materno), aunque pueda parecer en principio algo descabellado, es uno de los grandes aciertos de novela, con el que el autor además de un punto de vista diferente imprime gran comicidad al relato. A pesar de la erudición que demuestra el protagonista, lo cierto es que sólo puede tener una precepción sesgada de la realidad y desde su encierro natural debe construir su mundo a partir de lo que escucha a su alrededor, esto es, de los zarandeos que le ocasiona su madre y de los alimentos que esta ingiere. Así, por las conversaciones que mantiene su progenitora con su amante deduce que su padre corre peligro y por lo tanto también su propio futuro como niño. En realidad la  anécdota que se narra es escasa y McEwan, que conoce las limitaciones que conlleva tener a su narrador enclaustrado, no alarga la novela innecesariamente por lo que logra que sus 217 páginas parezcan pocas.

            El McEwan que hace ya bastantes años nos incomodaba con los relatos incluidos en Entre las sábanas y con su novela El Jardín de cemento, o nos horrorizaba con El inocente, ha dado paso a un escritor más sosegado, irónico y de gran sentido del humor como demostró en Solar, una de sus últimas novelas. Se trata de una evolución natural y si McEwan ha demostrado algo es su capacidad de no repetirse. En cualquier caso he de decir que echo de menos un poco al McEwan más lóbrego y terrible.

            En definitiva una novela breve, muy divertida, con diálogos chispeantes y situaciones inconcebibles, que sólo la inusual perspectiva de un feto pueden proporcionar. Un libro además que cuenta con un protagonista único y entrañable, cuyo mayor deseo es poder tener su oportunidad y venir al mundo. No sabe lo que le espera.

lunes, 26 de junio de 2017

Un hombre sueña despierto de Lavie Tidhar

Un hombre sueña despierto de Lavie Tidhar            A veces debemos seguir nuestro instinto. Al muy espabilado le bastó leer la contraportada del libro para saber con qué nos íbamos a encontrar. Debí de hacerle caso, a pesar de las magnificas críticas que Un hombre sueña despierto había recibido y de los muchos premios que sigue cosechando su autor, Lavie Tidhar. Sí, debí hacer caso a mi instinto, sobre todo teniendo en cuenta lo poco que me gustó Osama, lo anterior que había leído de él y cuya reseña podéis encontrar en este blog. 
            Tidhar parece haberse especializado en fusionar las ucronías más descabelladas con la novela negra. En su obra anterior publicada en España, Osama, el famoso terrorista Bin Laden es un escritor de novelas pulp. En ésta que nos ocupa, Un hombre sueña despierto, un famoso nazi que se hace llamar Wolf trabaja como detective privado en Londres. ¿Qué será lo siguiente que invente Tidhar? ¿Un Franco convertido en cura pederasta? ¿Un Stalin danzando en el Bolshoi? ¿Mussolini repartidor de pizzas? Seguro que de estas ocurrencias saldrían historias divertidas y disparatadas, ¿pero sería buena literatura? Tal vez un amor desmedido por la literatura "pulp" es lo que impele al autor a escribir este tipo de cosas. Empiezo a creer que a Tidhar lo que realmente le pide el cuerpo es escribir "pulp" o "shund", como es llamado en la novela, y escribirlo además sin cortapisas. Luego, con la coartada de que se trata de un homenaje etc. y etc., nos lo intenta pasar como literatura de altos vuelos. La obra es una antología de todos los tópicos existentes sobre los nazis: ropa de cuero, látigos, sadomasoquismo, sexo sórdido, al que Tidhar le añade lo propio de la novela negra: mujeres fatales, policías sin escrúpulos, un detective que es continuamente vapuleado y una desaparición a investigar. Bien, pues si a toda esa ya suficientemente condimentada mezcla le añadimos además lo más representativo de la literatura basura: féminas lujuriosas, violencia descarnada y unos cuantos detalles escatológicos, lo revuelven, o si prefieren como James Bond lo agitan, obtendrán algunos capítulos de esta novela. Si de verdad están interesados en algo de este estilo, aunque mucho más entretenido y “heavy” además de con menos ínfulas, les recomiendo La imagen de la bestia de Philip José Farmer.
            La trama detectivesca tampoco es gran cosa; llega un momento en que para mí la intriga se limita únicamente a ir anticipando quién será el próximo que le dé una paliza a Wolf.  Nuestro desdichado detective no sólo recibe golpes, Wolf es sometido a todo tipo de vejaciones, incluso le orinan en varias ocasiones encima, lo que parece proporcionarle cierto gustirrinín. Wolf es un depravado y un vicioso al que la cabeza parece servirle sólo para recibir golpes. Entre paliza y paliza, y duchas de lluvia dorada, Wolf evoca momentos de su pasado que permiten adivinar quién es realmente. Evito el spoiler, pero es algo que se sabe prácticamente desde las primeras líneas y que incluso se revela en la contraportada del libro. La ausencia de una verdadera intriga y una trama errática (Tidhar comete el mismo error que en Osama) hacen que me desentienda de lo que cuenta. Por desgracia tampoco sintonizo con el humor de su autor, de manera que el tono cada vez más paródico y caricaturesco que va adquiriendo la novela tampoco logra recuperar mi atención. Lástima, porque Tidhar no escribe mal y aunque las revelaciones finales no pillan a nadie por sorpresa (la identidad de Wolf y el sueño de Shomer), he de reconocer que el último capítulo es brillante; para mí lo mejor del libro.
            Esta frase que dice uno de los prisioneros de un campo de concentración parece resumir a la perfección el propósito de Tidhar al escribir esta novela:
            “..., para escribir sobre el Holocausto hay que gritar y chillar y llorar y escupir, dejar que las palabras caigan sobre la página como lluvia mezclada con sangre; no se puede utilizar un distanciamiento frío, sino el fuego y el dolor, el lenguaje del “shund”, el lenguaje de la mierda, la orina y el vómito, del “pulp”, un lenguaje de cubiertas tórridas y emociones morbosas, de fantasía.”

martes, 13 de junio de 2017

Cuento:Amor propio

 No es el primer relato que escribí en mi vida, no recuerdo el título del primero y supongo que es  mejor olvidarlo, pero lo que si puede decirse es que con Amor propio inicié un tipo de relato fantástico más cercano a la vida cotidiana. La idea tras escribir varios seguidos del mismo estilo era reunir los suficientes para poder completar un libro. Ahí quedó la cosa. En cualquier caso espero que os guste.
  




AMOR PROPIO
por Carlos Morgenroth
  
          Una vez tuve un poder. No sé si lo tuve desde el principio, lo que sí puedo decir es que sólo fui yo mientras lo tuve.
          Si me hubieran permitido elegir, probablemente, hubiera escogido otro tipo de poder. Me  habría gustado ser invisible para hacer lo que me diera en gana sin ser visto; tampoco estaría mal ver a las chicas sin ropa; o leer el pensamiento de la gente; o que todo el mundo te obedeciera sin rechistar. Mi poder, de alguna manera, está por encima de todos los demás. Tal vez no sea espectacular al estilo de los poderes de los héroes de los comics, pero si te pusieras a cavilar te darías cuenta de que es el más útil de todos.
          Esta facultad mía me permite elegir el camino más adecuado en mi vida. Cuando se plantean varias alternativas, todo toma una tonalidad verde si he escogido la opción  adecuada, en cambio, todo se vuelve gris si estoy eligiendo mal. Utilizando el poder escogí mis estudios, mi profesión y mi mujer. Nunca falla. Con mi poder nunca corro riesgos, sé con toda seguridad qué es lo mejor para mí.

viernes, 26 de mayo de 2017

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez            Con este libro me reconcilio en parte con la literatura sudamericana, que se me había atragantado después de leer los relatos de Edmundo Paz Soldán. Los cuentos que componen Las cosas que perdimos con el fuego podrían inscribirse en el género de terror, pero un terror muy apegado a la realidad social y a la vida cotidiana. En muchas ocasiones el elemento fantástico sólo es sospechado y podría ser explicado de una manera racional. En sus relatos Enriquez suele encaminarnos en la mayoría de los casos hacía un final que se nos oculta, pero que nos hace temer lo peor. Puede decirse que el terror de los relatos de Las cosas que perdimos con el fuego no es mostrado de una forma explícita, más bien la autora nos invita a imaginarlo con sus finales abiertos. Y es que no hay mayor terror que el imaginado o sospechado por uno mismo, algo de lo que Enriquez debe ser muy consciente. Como contrapartida esto hace que muchos de sus relatos queden indefinidos o den la sensación de no estar del todo acabados. El abuso que hace  de este recurso es quizá uno de los pocos defectos que le encuentro a sus narraciones.
 
            El ámbito en el que se desarrollan las historias del libro es terrorífico de una manera muy diferente a la que nos tiene acostumbrado el género. Es verdad que alguno de los relatos incluye, como no podía ser de otro modo, alguna casa misteriosa pero el verdadero horror lo provocan la miseria de los suburbios y los barrios abandonados a su suerte de una Argentina venida a menos. Los borrachos, las putas, los adictos a todo tipo de sustancias y los delincuentes son los que moran estos territorios poco recomendables y que Enriquez, gracias a una prosa eficaz y directa, convierte en espeluznantes; en esta linea transcurre el primer relato del libro titulado El chico sucio. La hostería resulta más convencional, aunque la frase con la que la hermana amenaza a su protagonista al final del relato lo redime en gran medida. En Los años intoxicados el horror está en la inconsciencia de la juventud. La casa de Adela parece un relato con casa encantada, pero su protagonista le da una dimensión diferente. Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo es un relato malvado en la que la amenaza no se cuenta, porque el relato finaliza antes de que pueda producirse. En Tela de araña lo que horroriza es la normalidad con la que su protagonista acepta los hechos. En Fin de curso se nos habla de la fascinación que en la adolescencia tiene todo lo que es diferente. Nada de carne sobre nosotras describe con poca convicción una obsesión algo tétrica. El patio del vecino junto a Bajo el agua negra son según mi opinión los más terroríficos. En el primero la desconfianza de los demás y el afán de demostrar su cordura conduce a su protagonista femenina a enfrentarse a sus inseguridades en solitario. El mérito del segundo es haber sabido fundir con brillantez un relato de corrupción policial y denuncia social con el más genuino horror lovecraftiano. Verde rojo anaranjado es a mi parecer el más flojo de la recopilación y trata del retiro y aislamiento voluntario de un chico de la sociedad. Finalmente, Las cosas que perdimos en el fuego es un alegato feminista en el que sus protagonistas deciden algo terrible para acabar con la amenaza machista. No es el único relato de los doce que componen el libro en el que Enriquez muestra su feminismo; tal vez sea impresión mía, pero la mayor parte de los hombres que desfilan por sus páginas son burdos, insensibles o enojadizos.
 
            En conclusión, relatos interesantes, bien escritos y un par de ellos, excelentes. Si les apetece pueden continuar después con el recién salido Los peligros de fumar en la cama, una recopilación de cuentos escritos con anterioridad. Yo por el momento me doy satisfecho con estos doce relatos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tainaron de Leena Krohn

Tainaron de Leena Krohn            Tainaron es una obra atípica. Escrita en 1985 por una autora finlandesa poco conocida, ha sido rescatada a principios de este año por Nórdica para el mercado español. Este libro nos devuelve cierta esperanza en el mundo editorial, y constituye un  buen ejemplo, del que debemos alegrarnos, de que los intereses que prevalecen, sobre todo en sellos pequeños, no sean siempre mercantilistas. Está claro que Leena Krohn no es una autora muy popular, y que su libro pasará desapercibido (si no lo ha hecho ya) puesto que apenas ha suscitado comentarios en los medios desde su publicación, algo que no creo que sorprenda a nadie. Con esta reseña aporto mi grano de arena infinitesimal para dar a conocer esta curiosa obra que fue nominada al World Fantasy Award en 2005.
 
            El título del libro hace referencia al cabo más austral en el Peloponeso, en cuyas proximidades, según la mitología, existe una cueva que permitió a Hércules entrar en el inframundo y capturar a Cerbero. En el libro de Krohn, Tainaron no es el hades sino un mundo de insectos que llevan una vida muy similar a nosotros los humanos. El hecho de que los protagonistas de la novela sean insectos no debe llevarnos a pensar que se trata de un libro infantil. Y, aunque lo diga Jeff Vandermeer, encuentro que tiene muy poco que ver con la obra de Kafka. ¿Es posible que Vandermeer hiciera esta afirmación pensando en el protagonista de La metamorfosis despertándose una mañana convertido en un horrible insecto? Los moradores de Tainaron, aunque son insectos, viven en una ciudad, tienen sus comercios, se visten, trabajan para sobrevivir.., sin embargo su naturaleza no humana confiere a sus vidas una serie de peculiaridades que permiten a Leena Krohn reflexionar sobre la vida y la muerte de una forma original, poética y adulta, que desde mi punto de vista tiene poca relación con la angustia y el aislamiento que siente el protagonista del conocido relato de Kafka.
 
            La obra, no sé si llamarla novela, (algunos la denominarán artefacto literario, pero en Universo de pocos somos un poco maniáticos y nunca nos ha gustado esa expresión, que siempre nos ha parecido excesivamente tosca para una creación artística) se compone de cartas escritas por alguien que está de visita en Tainaron y del que no llegamos a saber ni siquiera su nombre. Krohn tampoco se muestra interesada en revelarnos nada sobre el destinatario de estas misteriosas cartas. Mi duda sobre si llamarla novela estriba en que carece de acción, ni siquiera se distinguen las partes que suelen caracterizar toda obra de ficción como son el planteamiento, el nudo y el desenlace. Estas cartas, que nunca son contestadas, alumbran breves y valiosos retazos del mundo de Tainaron y de sus peculiares gentes. Escritas con gran lirismo, en ellas Krohn vierte  imágenes poderosas, algunas de ellas de una belleza turbadora, otras sin embargo pueden resultarnos inicialmente desagradables, pero la prosa de la autora se encarga de que siempre sean fascinantes. A través de estas misivas conoceremos a la reina condenada a procrear, nos internaremos en el hades de Tainaron donde llevan a sus muertos, conoceremos al medidor que utiliza su propio cuerpo como patrón, sabremos de su príncipe, al que todos parecen ignorar, y descubriremos otros insólitos personajes y otras extrañas costumbres.
 
            Como ejemplo de lo que podemos encontrarnos en el libro, una reflexión que se hace la protagonista a cuento de las metamorfosis que sufren algunos de los habitantes de Tainaron:
            "También nosotros cambiamos, pero lo hacemos gradualmente. Estamos acostumbrados a cierta persistencia y la mayor parte tenemos una identidad que en mayor o menor medida permanece estable. Aquí eso es diferente. Continúa siendo un misterio para mí cuál es en realidad la conexión entre dos vidas consecutivas. ¿Cómo puede un individuo que cambia tan completamente decir que es de alguna manera el mismo que antes? ¿Cómo puede proseguir? ¿Cómo puede recordar?"
 
            Dicen que los buenos licores deben ser bebidos lentamente y a pequeños sorbos para saborearlos en su plenitud, de la misma forma este libro para ser apreciado debe ser leído carta a carta, deteniéndose y releyendo en muchas ocasiones los fragmentos para apreciarlo como merece. No gustará a todos, pero si se animan a leerlo procuren hacerlo sin prejuicios.

viernes, 28 de abril de 2017

Visión ciega de Peter Watts

Visión ciega de Peter Watts            Son muchos los que consideran Visión ciega una de las novelas más importantes de la ciencia-ficción de los últimos años. No hay más que echar un vistazo en la blogosfera para ver la cantidad de comentarios que suscitó. Tras su publicación en España hace ya ocho años leí varias críticas y en general resultaron ser positivas, pero incluso en las más favorables se lamentaban de la confusa escritura de Watts. Esta lapidaria reseña de César Mallorquí logró disipar las dudas que me quedaban. Las pegas que le encuentra Mallorquí son completamente razonables y muy convincentes hasta el punto de que sólo después de todos estos años me he animado a comprobar por mí mismo si son justas. Ahora que he leído el libro he de decir que estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice Mallorquí en su blog. La novela parece estar escrita para que se entienda lo menos posible, la trama es confusa, un disparatado vampiro desempeña un papel importante en la trama y los protagonistas parecen sacados de la feria de los horrores. Y si bien todo esto es cierto, y bastaría para desechar cualquier novela hay que reconocer también que posee importantes valores que intentaré destacar.
 
            Los relatos sobre el primer contacto con extraterrestres por clásicos que sean nunca han dejado de interesarme y Watts consigue darles una nueva vuelta de tuerca. Creo que puedo decir sin equivocarme que se trata de uno de los temas más queridos para los aficionados al género. Novelas que incluyen alienígenas las hay a cientos, pero en las que se cree una criatura científicamente plausible y que no resulte ajena en exceso no hay tantas. Desde los marcianos de  Una odisea marciana de Stanley G. Weinbaum hasta los “Anfitriones” de Embassytown de China Miéville podemos encontrar alienígenas para todos los gustos; a este variado repertorio ahora podemos añadir los trepadores de Visión ciega. Los seres concebidos por Peter Watts además de ser enormemente verosímiles plantean interesantes cuestiones sobre la inteligencia, lo que para mí supone el mayor aliciente del libro.
 
            Visión ciega nos hace reflexionar sobre la consciencia. ¿Para qué sirve? ¿Cómo surgió a lo largo de la evolución? ¿Qué ventaja supone para la supervivencia? ¿Podría existir inteligencia sin consciencia? Cuestiones estas que muy pocas obras de ciencia-ficción suelen abordar siendo éste un género, creo yo, especialmente adecuado para ello. En el futuro de 2082 que describe Watts mucha gente prefiere huir de la realidad y con el fin de “soñar” una vida mejor se conecta a “Paraíso”. La culpable de esta escapada generalizada a una realidad virtual para Watts es la consciencia. Seres menos conscientes o a punto de prescindir de la consciencia, como los vampiros que se saca Watts de la manga, no correrían ese peligro según el autor canadiense.
 
            Existen momentos en la novela de verdadero terror que nos hacen recordar la película Alien. Especialmente escalofriante es todo lo que les ocurre a los personajes al entrar en el artefacto alienígena (Rorschach), y lo consigue a pesar del poco interés del autor por ser comprensible. También cabe destacar el primer contacto con los extraterrestres. No puedo decir, sin embargo, que el mérito estribe en la prosa de Watts, que poco ayuda a transportarnos a ese mundo hostil y enajenante. Sólo el enorme interés y atractivo que suponen para el aficionado a la ciencia-ficción este tipo de relatos y la propia imaginación del lector pueden suplir estos escollos estilísticos.
 
            Entre los defectos de la novela que se suelen mencionar está la poca empatía que inspiran  los personajes. Es verdad que no resultan demasiado simpáticos y que son todos muy raros, pero el problema que yo veo es que a pesar de sus extremadas anomalías y singularidades, (al protagonista le han eliminado un hemisferio cerebral, la lingüista tiene personalidad múltiple, el biólogo tiene toda clase de añadidos en su cuerpo, el que está al mando es un vampiro), no están suficientemente perfilados ni resultan memorables. El mayor despropósito es el caso del vampiro. Hay que ver la película que se monta Watts sobre una raza de vampiros que se extinguió en el pasado debido a un detalle completamente estúpido, que no voy a desvelar, para hacerlos creíbles. Para justificar su brillante idea proporciona diversos detalles científicos sobre su morfología y su manera de pensar. ¿Qué quieren que les diga? A mí un señor adulto que se pasa toda la novela chasqueando la lengua sólo me produce risa. Dicen que sí, que tiene su justificación al final de la novela, pero podría haber logrado el mismo efecto con una inteligencia artificial o un robot.
 
            Peter Watts tenía un material realmente fantástico para crear una gran novela, pero el estilo confuso, una ambición literaria que lo convierte la mayoría de las veces en ininteligible y unos personajes excesivos echan a perder la obra. Habría que estar en la cabeza de Watts para poder seguir sus diálogos o muchos de sus razonamientos. Sólo una enorme amor a la ciencia-ficción y una tenaz paciencia para leer cada frase dos o tres veces permiten llegar hasta el final del libro. Tampoco me convence el tono lúgubre y descreído, estilo novela negra, en que está narrada la historia, sobre todo siendo quién es el narrador. ¿No habíamos quedado en que funcionaba como una habitación china? En resumen, muy buenas ideas, interesantes especulaciones, buenos propósitos, pero escasa literatura. Ustedes verán si compensa.