Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

lunes, 13 de marzo de 2017

Casa de soles de Alastair Reynolds

Casa de soles de Alastair Reynolds            Aquí estamos una vez más, a vueltas con la space opera. Desde hace tiempo tenía ganas de hincarle el diente a un libro de Alastair Reynolds, del que muchos aficionados a la ciencia-ficción hablan maravillas, pero la longitud de sus libros y el hecho de que la mayoría pertenezcan a una serie, en concreto de Espacio revelación, (ya saben que no soy muy amigo de ellas) siempre ha acabado desalentándome. Me da que algo muy parecido a esto lo he dicho ya en otra de mis reseñas. Bueno, a mí también se me acaba la imaginación. Pero como iba diciendo, siendo como es una novela que pertenece a la space opera, Casa de soles tiene dos virtudes nada desdeñables: Una, que es entretenida; dos, que no tiene secuelas.
 
            Casa de soles pertenece a ese subgénero mastodóntico de la ciencia-ficción en que todo es a lo grande, las naves en lugar de en metros se miden en kilómetros, las distancias en años luz y hasta los edificios pueden tener un millón de habitaciones. Reynolds no se contenta  con dilatar únicamente el espacio hasta lo increíble, también los lapsos de tiempo que maneja resultan exorbitantes. La misma acción que se narra en esta novela, creo (con estas cifras nunca se puede estar seguro), transcurre a lo largo de miles de años. Todo es enorme. Podría pensarse que en esta novela especular sobre el futuro consiste únicamente en agrandar a lo bestia elementos comunes de la ciencia-ficción y en parte es así, puesto que en la obra encontramos anillos de Dyson con un perímetro de una hora luz, criaturas del tamaño de un sistema solar, individuos clonados por millares y alguna cosa más que se me olvida. Lo cierto es que aunque Reynolds no inventa nada nuevo al menos sabe utilizar sus recursos adecuadamente.
 
            Poco se puede contar de la trama, que por cierto resulta bastante clásica, sin echar a perder las sorpresas que depara su lectura. Por un lado sabemos que hace millones de años existió una raza muy avanzada, la de los “Priores”, que desapareció misteriosamente del universo  dejando tras sí algunos valiosos artilugios. Sé lo que están pensando, como los “Heechees” que imaginó Frederik Pohl en Pórtico. Aprovecho para decir que si no la han leído aún, no pierdan el tiempo con esta torpe reseña y vayan a leerla. Los protagonistas de Casa de soles son miembros de los “Gentian” una organización cuyo fin además de perpetuarse es explorar el universo. Esta formada por clones de una misma persona llamada Abigail Gentian a la que el autor dedica el primer capítulo de cada una de las ocho partes que componen el libro. Lo cierto es que este relato intercalado dentro de la novela y en el que se cuenta el origen de los “Gentian” es una de las partes que más me han gustado del libro. El misterio lo aporta otra organización oculta llamada  “Casa de soles”,  que actúa en la sombra. Sí, ya sé lo que van a decirme, como en las Fundaciones de Isaac Asimov. ¡Y a mí que me cuentan! Si tienen alguna queja, diríjanse al autor. Ah, bueno, se me olvidaba decir que también hay un malvado traidor.
 
            Menos común es toparse en una space opera moderna con una historia romántica. Lo malo es que el autor no logra en ningún momento que el amor entre los protagonistas logre enternecer a nadie. La pareja de enamorados, Purslane y Campion, se van turnando en cada capítulo para contar la historia y no vean lo que lo que cuesta distinguir a la una del otro. Y aquí es donde fracasa la novela, en crear unos protagonistas diferenciados de carne y hueso que transmitan amor y pasión por los cuatro costados, algo que ni siquiera el bello y tierno final consigue arreglar. 
 
            La intriga está bien resuelta, hay tensión, batallas espaciales (para el que le guste, yo pienso que podía haberlas abreviado), crímenes, torturas futuristas, robots... todo lo que a un aficionado a este tipo de literatura le puede atraer. Si acaso el comienzo es un tanto titubeante y demasiado largo, no le habría venido mal una poda; es el caso, por ejemplo, de un personaje aparentemente significativo que desaparece repentinamente de la novela. Estoy convencido de que los amantes de la space opera clásica sabrán apreciarla.

domingo, 26 de febrero de 2017

Por último el corazón de Margaret Atwood

Por último el corazón de Margaret Atwood            Puede que el gran reconocimiento que se ha ganado Margaret Atwood o los muchos premios (Booker Prize, Arthur C.Clarke, Príncipe de Asturias) que ha recibido o incluso el hecho de que se trate de una de las eternas candidatas al Nobel intimide a más de uno y lo disuada de leer esta novela. Sería una verdadera lástima, porque Por último el corazón lejos de tratarse de una obra pesada y solemne sorprende por su ligereza, su sarcasmo y su humor desinhibido. 
 
            Atwood es sobre todo conocida por los aficionados a la ciencia-ficción por su estupenda distopía El cuento de la criada. Una novela que leí hace tiempo y de la que, aunque no recuerdo  muchos detalles, no puedo olvidar el sentimiento de tristeza que me dejó al finalizar su lectura,  algo desde luego muy diferente a la impresión que me ha transmitido el libro que nos ocupa. Atwood ha hecho varias incursiones más en la ciencia-ficción, Oryx y Crake, El año del diluvio y Maddadam conforman una trilogía que comparte el mismo futuro imaginado por Atwood, en el que tras una catástrofe ambiental los únicos sobrevivientes son unas criaturas modificadas genéticamente.
 
            Por último el corazón parte de una idea que en principio parece bastante descabellada, la de resolver los problemas de desempleo y delincuencia causados por la crisis financiera en los EE.UU. internando a los más damnificados en una especie de ciudad-prisión. Es lo que se conoce como el “Proyecto Positrón”. Todos los que se integran en él se comprometen a pasar un mes encerrados en una cárcel y otro mes viviendo en una maravillosa colonia que parece rescatada de un catálogo inmobiliario de los años cincuenta. Atwood se toma los primeros capítulos con una seriedad y un rigor que no anticipan el desternillante delirio ulterior al que se va precipitando la trama. 
 
            En la primera parte de esta distopía asistimos al declive económico de una típica pareja americana, Stan y Charmaine, que pasan de tener cada uno su trabajo y ganar un salario con el que se permitieron incluso comprar una casa a verse obligados a pernoctar en su coche, única posesión que les queda tras la crisis financiera del 2008. Llega un momento en que para Stan y Charmaine, hartos de vivir en la miseria y de la permanente inseguridad que les ofrece su vehículo, la mejor opción es ingresar en uno de los centros del “Proyecto Positrón”. A partir de aquí los enredos y las situaciones se multiplican y Atwood despliega su ingenio y su brillante sentido del humor burlándose de todo, del papel del estado, del capitalismo, de los roles sexuales, de las relaciones humanas, del amor, del sexo o de la cultura de los EE.UU.
 
            La historia transcurre a un ritmo vertiginoso, lo que hace que el libro se lea en dos parpadeos, sin embargo creo que sobre todo en su tramo final suceden demasiadas cosas en muy poco espacio de tiempo y algunos fragmentos me dan la sensación de haber sido improvisados y de necesitar una mayor elaboración. En mi opinión la autora ha querido explotar en exceso sus hallazgos cómicos, tal vez no haya podido contenerse ante la chispa y gracejo que su criatura iba adquiriendo capítulo a capítulo. De lo que no me queda ninguna duda es de que Atwood se lo ha debido pasar en grande urdiendo situaciones disparatadas. Algunas de las más enloquecidas son dignas de un episodio de los Simpson y esto no lo digo como una crítica peyorativa. Tanto la cárcel como la ciudad idílica del “Proyecto Positrón” permiten a la escritora canadiense sacar a relucir la miseria humana y los peores defectos de la sociedad americana actual. Una sociedad, en la que, por mucho que la gente escuche a Doris Day, nadie da nada sin esperar algo a cambio. En la que cada proyecto emprendido, por desinteresado o altruista que parezca, es impulsado o bien por el dinero o bien por el sexo. La autora se lo toma con humor, pero el panorama que describe no puede decirse que resulte esperanzador. La novela finaliza muy acertadamente en la ciudad de Las Vegas, prototipo de esa sociedad superficial, infantil y de excesos de la que la autora se burla.
            Yo que ustedes no me la perdería.

lunes, 13 de febrero de 2017

Amatka de Karin Tidbeck

Amatka de Karin Tidbeck            Hasta hace no muchos años, a excepción de los aficionados a la ciencia-ficción, muy pocos sabían lo que era una distopía. Las distopías que conocíamos hasta entonces eran Nosotros de Yevgueni Zamiatin, Un mundo feliz de Aldous Huxley o 1984 de George Orwell y poco más. Y es que con tan insignes antecedentes es comprensible que pocos autores se aventuraran a escribirlas. Ray Bradbury lo hizo en 1953 con Fahrenheit 451 y un año antes Bernard Wolfe también se atrevió con esa rareza que es Limbo. Otros ejemplos memorables son Las torres del olvido de George Turner, El cuento de la criada de Margaret Atwood, La naranja mecánica de Anthony Burgess o Los desposeídos de Ursula K. Leguin. Desde luego no es mi intención enumerar todas las distopías habidas y por haber, me olvidaría de nombrar muchas, lo que pretendo decir es que además de infrecuentes se trataba de obras de gran profundidad intelectual que desde la crítica abordaban sobre todo temas políticos o filosóficos. A partir de la publicación en 2008 para un público juvenil de Los juegos del hambre de Suzanne Collins, novela que por cierto le debe mucho a otra distopía, La fuga de Logan, este subgénero se ha popularizado hasta extremos insospechados. Ahora nadie tiene miedo a hacer su propia contribución a la lista. En 2009 llegó El corredor del laberinto de James Dashner, en 2011 Divergente de Veronica Roth, y muchos otros títulos le siguieron hasta el punto de convertir este tipo de literatura en una moda que ha logrado que la palabra distopía pierda parte de la consideración y respeto del que gozaba antes. Lo cierto es que estas novelas juveniles se valen únicamente de la distopía para crear un escenario de aventura y de inconformismo generacional que poco tienen que ver con las obras que he mencionado al principio. En las distopías clásicas aunque la acción se desarrolla en el futuro, principalmente se habla del presente, un presente que se distorsiona y en el que se exageran los aspectos que el autor desea criticar de la sociedad o del estado.

            Por suerte nos queda la rusa Anna Starobinets, que con su novela El vivo hizo su  excelente aportación al subgénero, y también nos queda Karin Tidbeck, autora del libro que nos ocupa. Menciono a Starobinets porque, además de ser prácticamente de la misma edad que Tidbeck, su carrera parece seguir un curioso paralelismo con la de la sueca. De Tidbeck leí la colección de relatos Jagganath y lo cierto es que algunos de los cuentos que incluyen se confunden en mi caprichosa mente con los creados por Starobinets en Una edad difícil, se me hace arduo decidir quién concibió unos y otros. Ahora la autora sueca ha escrito también su propia distopía. Aquí no acaban las coincidencias ya que ambas escritoras son publicadas en España por la misma editorial: Ediciones Nevsky.

            Amatka es una distopía clásica, casi de manual, con el típico estado controlador y manipulador que vigila a sus ciudadanos y con una protagonista que comienza cuestionándose la verdad postulada por el poder. Vanja, la protagonista, es enviada desde Essre a Amatka con la “estimulante” misión de realizar un informe sobre los productos higiénicos que utilizan sus habitantes. Las investigaciones conducen a Vanja a interrogarse sobre algunos hechos poco claros sucedidos en el pasado. Amatka es sólo una más de las cuatro colonias que componen el mundo descrito por Tidbeck del que la autora sueca apenas nos proporciona información. Sus gentes viven temerosas intentando cumplir las rigurosas reglas que la comunidad ha establecido y con el miedo sempiterno a ser denunciadas por un vecino o un compañero por salirse de las normas. Nada de lo que he contado hasta ahora resulta demasiado novedoso ni creo que logre atraer a muchos lectores, sin embargo Tidbeck se guarda un importante as en la manga: en Amatka los objetos fabricados por ellos mismos dejan de ser lo que son y se convierten en una repugnante pasta si no se nombran las suficientes veces, es lo que llaman “marcaje”. Una idea que me parece fascinante.

            Tidbeck, con un estilo sencillo e ingenuo, ha creado una original y perdurable fantasía a la que, no obstante, le falta una mayor conexión con el presente, un vínculo que dé pleno sentido a la distopía. No resulta sencillo inferir la crítica que se oculta tras esta obra. Por otro lado deja demasiadas preguntas sin responder. ¿Si recomiendo la novela? No se la recomendaría a los que no les agrada que queden cabos sueltos. Ahora, si usted no entra en ese grupo, acuda a su librería más cercana, asegúrese primero de que el ejemplar esté en buen estado y de que no se escurre como si fuera papilla entre sus dedos y adquiéralo. Eso sí, antes de leerlo le aconsejo que repita en voz alta varias veces su título: Amatka. Le recomiendo que a continuación diga también el título de otra obra que le haya gustado especialmente, así conseguirá  un libro único diferente al que hemos leído los demás. No se precipite, piénselo con detenimiento. Esta idea se me ha ocurrido ahora mismo. ¿Quién sabe? Puede que resulte, pero antes debo pensar en un buen título.

domingo, 29 de enero de 2017

Futuros perdidos de Lisa Tuttle

Futuros perdidos de Lisa Tutle            Por alguna extraña razón éste es uno de los libros que más me ha costado reseñar. No se trata de una novela con una estructura especialmente compleja y su lectura no entraña tampoco una gran dificultad. A decir verdad, Lisa Tuttle escribe bien y se hace entender sin problemas. La obra no es enrevesada ni tampoco es necesario tener grandes conocimientos de ciencia, en concreto de física cuántica (disciplina que se menciona durante más de una ocasión en la obra), para su comprensión. Supongo que debe ser por todos estos motivos, en definitiva porque no hay nada que destaque especialmente, por lo que me cuesta tanto realizar una reseña de esta novela, que, por cierto, fue nominada para el premio Arthur C. Clarke en el lejano 1993.
 
            Futuros perdidos es la historia de Clare Beckett una mujer que por elección propia lleva una vida rutinaria sin apenas sobresaltos hasta que una mañana se despierta al lado de alguien  al que apenas conoce. A partir de ese momento Clare comienza a recordar acontecimientos de  su vida que nunca han podido suceder. En su mente esos recuerdos aparentemente falsos se confunden con los verdaderos sin que a veces Clare pueda distinguirlos. A las pocas páginas descubrimos además que algo terrible ocurrió en el pasado cuando ella era todavía una adolescente, algo que la atormenta y desgarra por dentro, algo por lo que Clare sería capaz de hacer lo que fuera para que no se hubiera producido. Tan fuertes son esos deseos de modificar su pasado que sueña con vidas alternativas. Sin embargo, y para desgracia de Clare, no le es posible controlar esas vidas. En manos de otro escritor podría haber dado como resultado una obra enrevesada y confusa, pero Tuttle sabe controlar el material que tiene en sus manos sin artificios o extraños experimentos formales y sin perder en ningún momento el rumbo de lo que quiere contar.
 
            Todos en nuestra vida nos hemos preguntado alguna vez qué hubiera ocurrido si hubiéramos tomado una decisión diferente a la que en su día tomamos, y seguramente hemos especulado sobre ello y sobre los efectos que podría haber tenido en nuestra forma de ser. Nuestra vida está llena de decisiones importantes que han tenido consecuencias. ¿De qué manera  hubiera afectado a nuestro presente si hubiéramos elegido estudiar algo diferente? ¿Qué hubiera ocurrido si me hubiera atrevido a decirle a aquella compañera de clase que me gustaba? ¿Qué hubiera ocurrido si..? El tema es interesante y otras novelas, como Volver a empezar de Ken Grimwood o Las primeras quince vidas de Harry August de Claire North, lo han abordado de manera diferente. Tuttle se vale de ciertas hipótesis de la mecánica cuántica que aventuran la existencia de múltiples universos para darle una mayor verosimilitud a su historia. Si aceptamos esta conjetura, cada vez que tomamos una decisión escogemos de entre uno de los infinitos cursos posibles que podría seguir nuestra vida. En los años en que se publicó por primera vez este libro la idea era realmente original, pero últimamente incluir cualquier cosa que tenga que ver con la ecuación de Schrödinger y el colapso de la función de onda se ha puesto de moda por lo que Futuros perdidos ha perdido gran parte de su fascinación original.
 
            A la novela no le falta interés y Tuttle logra sacarle partido a un personaje corriente que lleva una vida sin demasiadas emociones gracias a los diversos mundos alternativos a los que la autora lo enfrenta. Una novela correcta que sin embargo, no ha logrado impresionarme excesivamente. Tal vez en esa corrección, en ese transitar por los caminos más lógicos esté el fallo de la novela, y es que Futuros perdidos, a pesar de todos su méritos, en ningún momento me llega a sorprender.

jueves, 29 de diciembre de 2016

Cuento:Luz

A pesar del título Luz no es un relato especialmente luminoso, más bien todo lo contrario. Sin embargo, me ha parecido la mejor manera de acabar un año que para mí ha sido francamente sombrío. Espero que este año que viene sea mucho mejor para todos.
     

LUZ
  
Esperamos nuestro turno para entrar en el cuarto de luz. Rodeados por la oscuridad sólo nos oímos y tocamos. Nos vestimos de tinieblas. Nos alimentamos de negrura. Respiramos la noche. Podemos tocarla y tenemos que esforzarnos para movernos por ella. A veces parece resistirse y nos cuesta atravesar la sustancia de la que está hecha.
Y esperamos nuestro turno en la cola interminable. La espera es larga. Todo para un breve instante de luz. Será sólo un momento, un fugaz destello en toda nuestra vida. Luego volveremos a nuestra oscuridad perpetua. Respiraremos de nuevo las sombras, beberemos la misma helada tinta y cubriremos nuestros cuerpos ateridos de un manto de negritud. Volveremos a amarnos a ciegas. Moriremos.

domingo, 18 de diciembre de 2016

El gigante enterrado de Kazuo Ishiguro

El gigante enterrado de Kazuo Ishiguro            Cada novela de Ishiguro es un acontecimiento, por el tiempo que transcurre entre cada una de sus obras (han pasado diez años desde que publicara Nunca me abandones) y por tratarse de uno de los escritores británicos actuales más importantes. Ishiguro construye sus obras con la minuciosidad y delicadeza de un orfebre, cada adjetivo, cada palabra parecen escogidos cuidadosamente para crear en el lector el efecto o la emoción que el autor pretende. Cuando leo sus novelas muchas veces tengo la sensación de que algo importante se me escapa, de que entre sus palabras siempre queda una brizna inalcanzable, quizás en esa ambigüedad radique el secreto  de sus historias para calar hasta lo más hondo en el alma de sus lectores. Así me ha ocurrido desde que leí su primera novela Pálida luz en las colinas hasta Nunca me abandones, que era hasta hoy su última novela. Ambas son obras de temática muy diferente, la primera con una protagonista marcada por la tradición del Japón de los años cincuenta, un país que vive aún traumatizado por la reciente guerra mundial, y la segunda protagonizada por unos adolescentes que no se resignan a su sombrío final en un futuro cercano. Nunca me abandones fue la brillante incursión del autor en la ciencia-ficción, una obra magnífica que no me canso nunca de recomendar. Sin embargo, Ishiguro al igual que hacen otros autores reconocidos (como por ejemplo Margaret Atwood), se resiste a considerarla ciencia-ficción. Y eso que cada vez más escritores que no pertenecen al ámbito del género, entre ellos Philip Roth, Cormack McCarthy o Michael Chabbon, se han valido alguna vez de temáticas clásicas de la ciencia-ficción para narrar sus historias. ¡Qué le vamos a hacer! Se ve que dentro de la “gran literatura” aún no está bien visto etiquetar una novela como ciencia-ficción, aunque no haya lugar a dudas de que lo es. Si Flores para Algernon es ciencia-Ficción, ¿cómo no va a serlo Nunca me abandones? Asimismo, aunque su autor se resista a admitirlo, El gigante enterrado es una novela de fantasía.

            Lo primero que me llamó la atención de esta novela cuando comencé su lectura es la manera en que está narrada. En un primer momento me chocó por su ingenuidad y por su falta de modernidad, sobre todo al estar escrita por un autor que no se caracteriza precisamente por ser convencional. Como muestra, unas frases:
            “Pero regresemos a Axl y Beatrice. Como decía esta pareja de ancianos vivía en la zona más alejada de la red de madrigueras,...”
            “Acaso os resulte sorprendente lo poco que esa pareja conversaba mientras caminaba, ellos que tantas cosas tenían que decirse”
            En una entrevista Ishiguro declaró haber reescrito la novela por completo debido a que a su mujer no le había convencido el tono en que estaba relatada. Por lo tanto cabe suponer que la voz elegida para el narrador en su versión definitiva ha tenido que ser muy meditada por el autor.  Se trata de una voz de otro tiempo que me traslada a un remoto lugar de Inglaterra donde me imagino sentado al amor de la lumbre escuchando absorto a un anciano lugareño contarme este cuento. Porque al final El gigante enterrado no deja de ser un cuento tradicional, con caballeros, hechizos, ogros y dragones al que Ishiguro dota, eso sí, de su particular personalidad. Los protagonistas de esta aventura, en lugar de ser la habitual pareja de jóvenes enamorados con un esperanzador futuro por delante, son una pareja de ancianos que apenas recuerdan su pasado, un ayer en común que por alguna razón temen desvelar. En la novela de Ishiguro el mítico caballero de la tabla redonda Sir Gaiwan es un viejo algo desquiciado y quijotesco que apenas puede con su armadura. Y el dragón es un dragón que no da ningún miedo. Los personajes de El gigante enterrado no son desde luego como uno esperaría que fueran en una novela de caballería.

            Según mi parecer estamos ante una sorprendente y hermosa novela de fantasía muy recomendable con la que sin embargo Ishiguro no alcanza la perfección de su anterior novela. Esa acertada metáfora de lo que implica la vida, Nunca me abandones cala mucho más hondo que esta reflexión pesimista sobre la imposibilidad de perdonar. Según mi humilde opinión el mensaje que transmite El gigante enterrado queda demasiado manifiesto y a pesar del bello y ambiguo final, marca de la casa, desluce en parte su acabado. Aún así temo que Ishiguro tenga razón y que sólo un olvido generalizado de los horrores permitirá que alguna vez vivamos en paz. Así que busquemos un dragón cuanto antes.

domingo, 27 de noviembre de 2016

Apocalipsis suave de Will McIntosh

Apocalipsis suave de Will McIntosh            Conocía a Will McIntosh por su relato Frigonovia publicado en España en la antología editada por Mariano Villarreal A la deriva en el mar de las lluvias y otros relatos, ya reseñada en este blog. Un relato con una idea muy original a la que el autor no logra sacar todo el partido,  aún así con el suficiente interés como para querer leer algo más de este autor neoyorquino. La oportunidad ha llegado con esta obra publicada por Gigamesh, una editorial que con el derrumbe de la Factoría de Ideas parece haber salido de su estado de semi letargo lanzando en unos pocos meses más libros que en el último lustro. El título Apocalipsis suave no deja lugar a dudas de que se trata de una novela apocalíptica, la única diferencia con respecto a otras obras, y que llamó mi atención, es que en este caso la causa no se debe a un cataclismo, la Tierra no colisiona contra un asteroide, ni se desata una guerra atómica, ni tampoco se propaga un virus mortal, la causa es más compleja y actúa mucho más lentamente, aunque con la misma crueldad. La originalidad de McIntosh consiste en imaginar un futuro en el que la crisis económica mundial  ha terminado por enquistarse sin que los diferentes gobiernos puedan ponerle remedio. Las consecuencias sobre la población con menos recursos se van agravando paulatinamente y con los años terminan por afectar a todos, de ahí el título: Apocalipsis Suave. Una idea que a priori parece interesante.
 
            La novela me ha gustado y no me ha gustado. Esta contradicción totalmente incomprensible ha confirmado algo que me venía inquietando desde hace algún tiempo, que no soy una persona única y monolítica, que al igual que España es una nación de naciones, yo soy una persona de personas.
 
            La parte de mí, digamos que la más emocional y menos reflexiva, ha disfrutado sin ningún pudor con esta breve novela situada en un desolador futuro próximo. Y es que a mi yo de corazón impresionable le resulta muy fácil dejarse llevar por la prosa diáfana de McIntosh y sumergirse en las peripecias de su protagonista, Jasper, sufriendo cada desengaño, cada padecimiento y cada pérdida con la misma intensidad que el propio protagonista. Sin embargo, a este yo sensiblero y blandengue aún le queda la suficiente capacidad de raciocinio como para reconocer que Jasper es inmaduro y pueril. Aún y todo, se hace querer y está lleno de buenos sentimientos. Además, según la opinión de este yo, la novela está llena de acción y no aburre en ningún momento, con un final que, aunque esperado en este tipo de novelas, le resulta sobrecogedor y le arranca más de un lágrima.
 
            Mi lado más racional está en completo desacuerdo.  A éste la premisa inicial del relato de contar lo que podría suceder en el mundo en caso de continuar la crisis le parece interesante, pero cree que el autor termina por traicionarla. De esta manera la historia acaba convirtiéndose en una novela apocalíptica más, con las habituales bandas de asaltantes, robos en supermercados, virus letales y gente capaz de hacer lo que sea, por terrible que pueda parecer, con tal de sobrevivir. Mi lado más cerebral, y por lo tanto más cenizo, es incapaz de disculpar el cúmulo de casualidades en las que se apoya la trama. Jasper parece tener el don, no sé si afortunado, de congregar a todas sus ex, y es que llegando al final de la novela, en uno de los momentos de mayor tensión, todas terminan a su lado. Sin embargo, este otro y frío yo no es del todo inmune a las emociones y reconoce que el autor, a pesar de la poca verosimilitud de la situación, sabe manejarla con solvencia y logra momentos de intenso dramatismo.
 
            Dentro de mí surgen más voces que no quieren ser menos y que también desean ser escuchadas en este blog. Voces a favor y en contra. Una, de sesgo ecologista, apoya las advertencias contra los desastres ambientales, por el contrario a otra voz le parece inverosímil y simplista todo lo que tiene que ver con el bambú modificado. Otro yo con aspiraciones literarias se burla del estilo ingenuo con el que la obra está escrita. Son muchas voces... No puedo seguir, antes he de poner orden a este lío y detener tanto afán de protagonismo. Tal vez un virus como los que proliferan en esta novela acabe con esta esquizofrenia y logre un reseñador más ecuánime. Tendréis que esperar a la próxima reseña para averiguarlo.