Blog ciencia-ficción

Nada de fantaciencia, ni de literatura especulativa, ni de ficción científica, ni tampoco de literatura futurista. Sólo ciencia ficción.

martes, 13 de junio de 2017

Cuento:Amor propio

 No es el primer relato que escribí en mi vida, no recuerdo el título del primero y supongo que es  mejor olvidarlo, pero lo que si puede decirse es que con Amor propio inicié un tipo de relato fantástico más cercano a la vida cotidiana. La idea tras escribir varios seguidos del mismo estilo era reunir los suficientes para poder completar un libro. Ahí quedó la cosa. En cualquier caso espero que os guste.
  




AMOR PROPIO
por Carlos Morgenroth
  
          Una vez tuve un poder. No sé si lo tuve desde el principio, lo que sí puedo decir es que sólo fui yo mientras lo tuve.
          Si me hubieran permitido elegir, probablemente, hubiera escogido otro tipo de poder. Me  habría gustado ser invisible para hacer lo que me diera en gana sin ser visto; tampoco estaría mal ver a las chicas sin ropa; o leer el pensamiento de la gente; o que todo el mundo te obedeciera sin rechistar. Mi poder, de alguna manera, está por encima de todos los demás. Tal vez no sea espectacular al estilo de los poderes de los héroes de los comics, pero si te pusieras a cavilar te darías cuenta de que es el más útil de todos.
          Esta facultad mía me permite elegir el camino más adecuado en mi vida. Cuando se plantean varias alternativas, todo toma una tonalidad verde si he escogido la opción  adecuada, en cambio, todo se vuelve gris si estoy eligiendo mal. Utilizando el poder escogí mis estudios, mi profesión y mi mujer. Nunca falla. Con mi poder nunca corro riesgos, sé con toda seguridad qué es lo mejor para mí.

viernes, 26 de mayo de 2017

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez

Las cosas que perdimos en el fuego de Mariana Enriquez            Con este libro me reconcilio en parte con la literatura sudamericana, que se me había atragantado después de leer los relatos de Edmundo Paz Soldán. Los cuentos que componen Las cosas que perdimos con el fuego podrían inscribirse en el género de terror, pero un terror muy apegado a la realidad social y a la vida cotidiana. En muchas ocasiones el elemento fantástico sólo es sospechado y podría ser explicado de una manera racional. En sus relatos Enriquez suele encaminarnos en la mayoría de los casos hacía un final que se nos oculta, pero que nos hace temer lo peor. Puede decirse que el terror de los relatos de Las cosas que perdimos con el fuego no es mostrado de una forma explícita, más bien la autora nos invita a imaginarlo con sus finales abiertos. Y es que no hay mayor terror que el imaginado o sospechado por uno mismo, algo de lo que Enriquez debe ser muy consciente. Como contrapartida esto hace que muchos de sus relatos queden indefinidos o den la sensación de no estar del todo acabados. El abuso que hace  de este recurso es quizá uno de los pocos defectos que le encuentro a sus narraciones.
 
            El ámbito en el que se desarrollan las historias del libro es terrorífico de una manera muy diferente a la que nos tiene acostumbrado el género. Es verdad que alguno de los relatos incluye, como no podía ser de otro modo, alguna casa misteriosa pero el verdadero horror lo provocan la miseria de los suburbios y los barrios abandonados a su suerte de una Argentina venida a menos. Los borrachos, las putas, los adictos a todo tipo de sustancias y los delincuentes son los que moran estos territorios poco recomendables y que Enriquez, gracias a una prosa eficaz y directa, convierte en espeluznantes; en esta linea transcurre el primer relato del libro titulado El chico sucio. La hostería resulta más convencional, aunque la frase con la que la hermana amenaza a su protagonista al final del relato lo redime en gran medida. En Los años intoxicados el horror está en la inconsciencia de la juventud. La casa de Adela parece un relato con casa encantada, pero su protagonista le da una dimensión diferente. Pablito clavó un clavito: una evocación del Petiso Orejudo es un relato malvado en la que la amenaza no se cuenta, porque el relato finaliza antes de que pueda producirse. En Tela de araña lo que horroriza es la normalidad con la que su protagonista acepta los hechos. En Fin de curso se nos habla de la fascinación que en la adolescencia tiene todo lo que es diferente. Nada de carne sobre nosotras describe con poca convicción una obsesión algo tétrica. El patio del vecino junto a Bajo el agua negra son según mi opinión los más terroríficos. En el primero la desconfianza de los demás y el afán de demostrar su cordura conduce a su protagonista femenina a enfrentarse a sus inseguridades en solitario. El mérito del segundo es haber sabido fundir con brillantez un relato de corrupción policial y denuncia social con el más genuino horror lovecraftiano. Verde rojo anaranjado es a mi parecer el más flojo de la recopilación y trata del retiro y aislamiento voluntario de un chico de la sociedad. Finalmente, Las cosas que perdimos en el fuego es un alegato feminista en el que sus protagonistas deciden algo terrible para acabar con la amenaza machista. No es el único relato de los doce que componen el libro en el que Enriquez muestra su feminismo; tal vez sea impresión mía, pero la mayor parte de los hombres que desfilan por sus páginas son burdos, insensibles o enojadizos.
 
            En conclusión, relatos interesantes, bien escritos y un par de ellos, excelentes. Si les apetece pueden continuar después con el recién salido Los peligros de fumar en la cama, una recopilación de cuentos escritos con anterioridad. Yo por el momento me doy satisfecho con estos doce relatos.

domingo, 14 de mayo de 2017

Tainaron de Leena Krohn

Tainaron de Leena Krohn            Tainaron es una obra atípica. Escrita en 1985 por una autora finlandesa poco conocida, ha sido rescatada a principios de este año por Nórdica para el mercado español. Este libro nos devuelve cierta esperanza en el mundo editorial, y constituye un  buen ejemplo, del que debemos alegrarnos, de que los intereses que prevalecen, sobre todo en sellos pequeños, no sean siempre mercantilistas. Está claro que Leena Krohn no es una autora muy popular, y que su libro pasará desapercibido (si no lo ha hecho ya) puesto que apenas ha suscitado comentarios en los medios desde su publicación, algo que no creo que sorprenda a nadie. Con esta reseña aporto mi grano de arena infinitesimal para dar a conocer esta curiosa obra que fue nominada al World Fantasy Award en 2005.
 
            El título del libro hace referencia al cabo más austral en el Peloponeso, en cuyas proximidades, según la mitología, existe una cueva que permitió a Hércules entrar en el inframundo y capturar a Cerbero. En el libro de Krohn, Tainaron no es el hades sino un mundo de insectos que llevan una vida muy similar a nosotros los humanos. El hecho de que los protagonistas de la novela sean insectos no debe llevarnos a pensar que se trata de un libro infantil. Y, aunque lo diga Jeff Vandermeer, encuentro que tiene muy poco que ver con la obra de Kafka. ¿Es posible que Vandermeer hiciera esta afirmación pensando en el protagonista de La metamorfosis despertándose una mañana convertido en un horrible insecto? Los moradores de Tainaron, aunque son insectos, viven en una ciudad, tienen sus comercios, se visten, trabajan para sobrevivir.., sin embargo su naturaleza no humana confiere a sus vidas una serie de peculiaridades que permiten a Leena Krohn reflexionar sobre la vida y la muerte de una forma original, poética y adulta, que desde mi punto de vista tiene poca relación con la angustia y el aislamiento que siente el protagonista del conocido relato de Kafka.
 
            La obra, no sé si llamarla novela, (algunos la denominarán artefacto literario, pero en Universo de pocos somos un poco maniáticos y nunca nos ha gustado esa expresión, que siempre nos ha parecido excesivamente tosca para una creación artística) se compone de cartas escritas por alguien que está de visita en Tainaron y del que no llegamos a saber ni siquiera su nombre. Krohn tampoco se muestra interesada en revelarnos nada sobre el destinatario de estas misteriosas cartas. Mi duda sobre si llamarla novela estriba en que carece de acción, ni siquiera se distinguen las partes que suelen caracterizar toda obra de ficción como son el planteamiento, el nudo y el desenlace. Estas cartas, que nunca son contestadas, alumbran breves y valiosos retazos del mundo de Tainaron y de sus peculiares gentes. Escritas con gran lirismo, en ellas Krohn vierte  imágenes poderosas, algunas de ellas de una belleza turbadora, otras sin embargo pueden resultarnos inicialmente desagradables, pero la prosa de la autora se encarga de que siempre sean fascinantes. A través de estas misivas conoceremos a la reina condenada a procrear, nos internaremos en el hades de Tainaron donde llevan a sus muertos, conoceremos al medidor que utiliza su propio cuerpo como patrón, sabremos de su príncipe, al que todos parecen ignorar, y descubriremos otros insólitos personajes y otras extrañas costumbres.
 
            Como ejemplo de lo que podemos encontrarnos en el libro, una reflexión que se hace la protagonista a cuento de las metamorfosis que sufren algunos de los habitantes de Tainaron:
            "También nosotros cambiamos, pero lo hacemos gradualmente. Estamos acostumbrados a cierta persistencia y la mayor parte tenemos una identidad que en mayor o menor medida permanece estable. Aquí eso es diferente. Continúa siendo un misterio para mí cuál es en realidad la conexión entre dos vidas consecutivas. ¿Cómo puede un individuo que cambia tan completamente decir que es de alguna manera el mismo que antes? ¿Cómo puede proseguir? ¿Cómo puede recordar?"
 
            Dicen que los buenos licores deben ser bebidos lentamente y a pequeños sorbos para saborearlos en su plenitud, de la misma forma este libro para ser apreciado debe ser leído carta a carta, deteniéndose y releyendo en muchas ocasiones los fragmentos para apreciarlo como merece. No gustará a todos, pero si se animan a leerlo procuren hacerlo sin prejuicios.

viernes, 28 de abril de 2017

Visión ciega de Peter Watts

Visión ciega de Peter Watts            Son muchos los que consideran Visión ciega una de las novelas más importantes de la ciencia-ficción de los últimos años. No hay más que echar un vistazo en la blogosfera para ver la cantidad de comentarios que suscitó. Tras su publicación en España hace ya ocho años leí varias críticas y en general resultaron ser positivas, pero incluso en las más favorables se lamentaban de la confusa escritura de Watts. Esta lapidaria reseña de César Mallorquí logró disipar las dudas que me quedaban. Las pegas que le encuentra Mallorquí son completamente razonables y muy convincentes hasta el punto de que sólo después de todos estos años me he animado a comprobar por mí mismo si son justas. Ahora que he leído el libro he de decir que estoy bastante de acuerdo con todo lo que dice Mallorquí en su blog. La novela parece estar escrita para que se entienda lo menos posible, la trama es confusa, un disparatado vampiro desempeña un papel importante en la trama y los protagonistas parecen sacados de la feria de los horrores. Y si bien todo esto es cierto, y bastaría para desechar cualquier novela hay que reconocer también que posee importantes valores que intentaré destacar.
 
            Los relatos sobre el primer contacto con extraterrestres por clásicos que sean nunca han dejado de interesarme y Watts consigue darles una nueva vuelta de tuerca. Creo que puedo decir sin equivocarme que se trata de uno de los temas más queridos para los aficionados al género. Novelas que incluyen alienígenas las hay a cientos, pero en las que se cree una criatura científicamente plausible y que no resulte ajena en exceso no hay tantas. Desde los marcianos de  Una odisea marciana de Stanley G. Weinbaum hasta los “Anfitriones” de Embassytown de China Miéville podemos encontrar alienígenas para todos los gustos; a este variado repertorio ahora podemos añadir los trepadores de Visión ciega. Los seres concebidos por Peter Watts además de ser enormemente verosímiles plantean interesantes cuestiones sobre la inteligencia, lo que para mí supone el mayor aliciente del libro.
 
            Visión ciega nos hace reflexionar sobre la consciencia. ¿Para qué sirve? ¿Cómo surgió a lo largo de la evolución? ¿Qué ventaja supone para la supervivencia? ¿Podría existir inteligencia sin consciencia? Cuestiones estas que muy pocas obras de ciencia-ficción suelen abordar siendo éste un género, creo yo, especialmente adecuado para ello. En el futuro de 2082 que describe Watts mucha gente prefiere huir de la realidad y con el fin de “soñar” una vida mejor se conecta a “Paraíso”. La culpable de esta escapada generalizada a una realidad virtual para Watts es la consciencia. Seres menos conscientes o a punto de prescindir de la consciencia, como los vampiros que se saca Watts de la manga, no correrían ese peligro según el autor canadiense.
 
            Existen momentos en la novela de verdadero terror que nos hacen recordar la película Alien. Especialmente escalofriante es todo lo que les ocurre a los personajes al entrar en el artefacto alienígena (Rorschach), y lo consigue a pesar del poco interés del autor por ser comprensible. También cabe destacar el primer contacto con los extraterrestres. No puedo decir, sin embargo, que el mérito estribe en la prosa de Watts, que poco ayuda a transportarnos a ese mundo hostil y enajenante. Sólo el enorme interés y atractivo que suponen para el aficionado a la ciencia-ficción este tipo de relatos y la propia imaginación del lector pueden suplir estos escollos estilísticos.
 
            Entre los defectos de la novela que se suelen mencionar está la poca empatía que inspiran  los personajes. Es verdad que no resultan demasiado simpáticos y que son todos muy raros, pero el problema que yo veo es que a pesar de sus extremadas anomalías y singularidades, (al protagonista le han eliminado un hemisferio cerebral, la lingüista tiene personalidad múltiple, el biólogo tiene toda clase de añadidos en su cuerpo, el que está al mando es un vampiro), no están suficientemente perfilados ni resultan memorables. El mayor despropósito es el caso del vampiro. Hay que ver la película que se monta Watts sobre una raza de vampiros que se extinguió en el pasado debido a un detalle completamente estúpido, que no voy a desvelar, para hacerlos creíbles. Para justificar su brillante idea proporciona diversos detalles científicos sobre su morfología y su manera de pensar. ¿Qué quieren que les diga? A mí un señor adulto que se pasa toda la novela chasqueando la lengua sólo me produce risa. Dicen que sí, que tiene su justificación al final de la novela, pero podría haber logrado el mismo efecto con una inteligencia artificial o un robot.
 
            Peter Watts tenía un material realmente fantástico para crear una gran novela, pero el estilo confuso, una ambición literaria que lo convierte la mayoría de las veces en ininteligible y unos personajes excesivos echan a perder la obra. Habría que estar en la cabeza de Watts para poder seguir sus diálogos o muchos de sus razonamientos. Sólo una enorme amor a la ciencia-ficción y una tenaz paciencia para leer cada frase dos o tres veces permiten llegar hasta el final del libro. Tampoco me convence el tono lúgubre y descreído, estilo novela negra, en que está narrada la historia, sobre todo siendo quién es el narrador. ¿No habíamos quedado en que funcionaba como una habitación china? En resumen, muy buenas ideas, interesantes especulaciones, buenos propósitos, pero escasa literatura. Ustedes verán si compensa.

martes, 11 de abril de 2017

Los gigantes dormidos de Sylvain Neuvel

Los gigantes dormidos de Sylvain Neuvel            Pues al final no me ha estallado la cabeza. Y eso que estuve considerando seriamente comprarme un casco antes de ponerme con este libro. A mí no me habría servido de nada, pero al menos los que están a mi lado, pobres víctimas que sin comérselo ni bebérselo recibirían una lluvia de partículas poco agradables, quedarían resguardados. Todavía sigo encontrando vidrios de un vaso que se me rompió hace un mes en la cocina, figuraos que fueran trozos de cerebro originados por unos de estos estallidos espontáneos. He de confesar que por ahorrarme el dinerillo corrí el riesgo y lo leí sin casco. Lo sé, soy un insensato.
            Supongo que algunos lectores poco curtidos quedaron descabezados de inmediato al vérselas con la singular estructura del libro. Los gigantes dormidos no está escrito a la manera de una novela convencional sino que se compone, si exceptuamos el prólogo, de diferentes archivos o expedientes cuya procedencia no se llega a explicar. Los documentos son mayoritariamente diálogos y entrevistas que tienen lugar entre un individuo misterioso y diferentes personajes. También contiene extractos de los diarios de estos mismos personajes, pero la obra se sustenta fundamentalmente en los diálogos y carece de descripciones. Gracias a que no es la primera vez que me encuentro con algo así, no hace mucho me leí El imperio de Yegorov, que lleva esto hasta sus últimas consecuencias, es posible que haya conservado intacta mi cabeza. Así que desde aquí le doy las gracias a Manuel Moyano por evitarme ese mal trago.
            Puede que las primeras cabezas explotaran en el capítulo inicial, en el que se cuenta como la niña Rose Franklin mientras pedaleaba con su bicicleta cae en un hoyo y descubre una mano gigante enterrada, una elegante mano de más de 6 metros confeccionada con una dureza incompatible con su ligereza, lo que hace pensar que tiene un origen extraterrestre. Puede que otras muchas cabezas cayeran unos capítulos más adelante, cuando el hombre misterioso de las entrevistas, al cabo de varios años junto a una Rose Franklin convertida en una científica eminente, organiza un equipo para buscar las restantes piezas de lo que se supone es un robot gigante. Yo logré llegar hasta aquí con la cabeza intacta y eso a pesar del evidente interés que logró despertar en mí Neuvel. Tal vez el infausto recuerdo que dejó en mí la serie de televisión Mazinger Z, en la que también encuentran unos autómatas gigantes procedentes de una antigua civilización, me haya servido de antídoto. Así que aprovecho para dar también las gracias a los creadores de Mazinger Z.
            A lo largo de la novela van apareciendo más piezas, un tórax, una pierna.., que se parecen demasiado a partes del cuerpo humano. Habrá que dejar a Neuvel que explique en las sucesivas novelas de la trilogía esta asombrosa coincidencia. En las viejas novelas de ciencia-ficción no era sorprendente que aparecieran marcianos con rasgos físicos idénticos al de los humanos, pero esto hoy en día sería imperdonable en una obra que pretende ser seria. Llegados a este punto comprendí que no iba ser con esta novela con la que estallara mi cabeza.
            Los gigantes dormidos es ante todo un eficaz thriller que cuesta dejar de leer. Neuvel maneja con pericia los diálogos, sabe cuando conviene una elipsis, ha meditado muy bien los  giros narrativos y gracias a todo esto logra crear una notable intriga. Sin lugar a dudas se trata de una obra muy entretenida, pero creo que mi cabeza no ha peligrado en ningún momento. Y es que lo siento, pero todo esto de los robots gigantes e invencibles no me lo puedo tomar demasiado en serio. No es más que literatura “pulp”, con unas vestiduras más modernas y molonas, pero “pulp” al fin y al cabo. El momento en que más peligró mi cabeza, y no porque fuera a estallar sino por los golpes que estuve a punto de darme contra la pared, fue al llegar al inesperado final del libro con el que el autor se propone engatusarnos para que leamos la segunda parte. Así que, recomiendo a los que tienen cierta propensión a que les estalle la cabeza que se provean bien de recambios para las sucesivas entregas que vayan viniendo.

jueves, 30 de marzo de 2017

Las visiones de Edmundo Paz Soldán

Las visiones de Edmundo Paz Soldán            Brodis, nau me toca hacer ki la reseña de Las visiones de Edmundo Paz Soldán. Mas no tengo el bodi para ello. ¿Y si me tomo unos swits antes? Me los echo en la boca uno, dos, tres. Yastá. No es fácil hablar de los irisanos, de los kreols o de los pieloscuras, mas que nada porque no tengo foking idea de quiénes son, tú. Wuf, wuf, wuf. Y antes prefiero desencarnarme o encomendarme a Xlött o Malacosa que releer este libro. Yastá, yastá. Lo he dicho. Plis, pedidme lo que queráis, mas no eso. Plis.
 
            No me he vuelto loco ni tampoco me he puesto ciego de swits o de otras sustancias alucinógenas como las que abundan en este libro, esto es sólo para que se hagan una idea de la curiosa  lengua en el que están escritos los relatos que componen Las visiones. El resultado es una mezcla de castellano, del que graciosamente se contraen algunas palabras, de inglés e incluso de alguna  palabra en alemán como “Geld”. Sin llegar a la complicación de Dudo errante de Russell Hoban o de El Artefakto de Iain M. Banks, (he de reconocer que lo que leí fueron las traducciones), este lenguaje por ingenuo y pueril que pueda parecer no facilita en absoluto la lectura de Las visiones. Aún así y a mi modo de ver éste no es el mayor obstáculo con el que se tiene que enfrentar el lector. Paz Soldán tiene cierta tendencia a cambiar el foco de atención en un relato que a lo mejor no supera las diez páginas tres o cuatro veces, de manera que uno no sabe muy bien adónde pretende dirigirnos. La experiencia se asemeja a viajar en la parte de atrás de una camioneta sin asientos, sin nada a lo que asirse y dando bandazos de un lado a otro.
 
            Estos relatos se sitúan en el mismo mundo creado por Paz Soldán en su novela Iris, aunque se supone que pueden entenderse por separado. Yo, que no la he leído, no he logrado hacerme una idea clara de lo que sucede. Al cerrar el libro lo único que me queda claro es que hubo una guerra nuclear en el pasado, pero sigo sin saber quiénes son los kreols, ni los irisanos, ni dónde demonios se sitúa la acción. Se describe un mundo de guerrillas, de traficantes, de militares que abusan de su autoridad y jueces y dirigentes que prefieren jugar a Clausewitz antes que poner orden, todo ello recuerda mucho a lo que viene sucediendo en muchos países de Sudamérica en la actualidad. Una realidad ya de por sí cruel y turbulenta, que no necesita ser enfatizada mediante la ciencia-ficción. Los pocos relatos que me han gustado son los que tienen menos relación con el mundo de Iris. Los pájaros arcoirís es un buen relato sobre la manipulación y la idealización de un líder. Artificial parte de una buena idea, por desgracia el autor no consigue un final a su altura. Anja es un relato de horror clásico que gana sobre todo gracias al contraste entre las cosas terribles que se cuentan y la ingenuidad del lenguaje utilizado por Paz Soldán. Luk también tiene cierto interés por la contradicción entre el deber y el horror que supone afrontarlo. Las visiones es un relato muy poco original sobre los remordimientos de un juez... Del resto de relatos algunos aburren más que otros y se entienden o no, pero ninguno de ellos me ha llamado la atención.
 
            Los experimentos narrativos que se llevaron a cabo alrededor de los años 70 en la ciencia ficción tipo A cabeza descalza de Brian W. Aldiss me dan ahora mismo mucha pereza. Eran obras en las que se pretendía plasmar también en la escritura las experiencias psíquicas provocadas por las drogas alucinógenas. Algo parecido a lo que hace Paz Soldán en muchos de estos relatos, aunque sin el valor añadido que puede suponer la novedad y la originalidad con  los que contaba Aldiss. El autor no nos lo pone nada fácil y la lectura de un relato como Dragón, de sólo unas doce páginas, se convierte en una verdadera tortura, un esfuerzo que según mi punto de vista no merece la pena acometer. Tal vez esté siendo injusto con Las Visiones y mi problema estribe en no haber leído antes Iris para considerarla una obra maestra; en cualquier caso, es algo que por el momento no tengo intención de comprobar.

lunes, 13 de marzo de 2017

Casa de soles de Alastair Reynolds

Casa de soles de Alastair Reynolds            Aquí estamos una vez más, a vueltas con la space opera. Desde hace tiempo tenía ganas de hincarle el diente a un libro de Alastair Reynolds, del que muchos aficionados a la ciencia-ficción hablan maravillas, pero la longitud de sus libros y el hecho de que la mayoría pertenezcan a una serie, en concreto de Espacio revelación, (ya saben que no soy muy amigo de ellas) siempre ha acabado desalentándome. Me da que algo muy parecido a esto lo he dicho ya en otra de mis reseñas. Bueno, a mí también se me acaba la imaginación. Pero como iba diciendo, siendo como es una novela que pertenece a la space opera, Casa de soles tiene dos virtudes nada desdeñables: Una, que es entretenida; dos, que no tiene secuelas.
 
            Casa de soles pertenece a ese subgénero mastodóntico de la ciencia-ficción en que todo es a lo grande, las naves en lugar de en metros se miden en kilómetros, las distancias en años luz y hasta los edificios pueden tener un millón de habitaciones. Reynolds no se contenta  con dilatar únicamente el espacio hasta lo increíble, también los lapsos de tiempo que maneja resultan exorbitantes. La misma acción que se narra en esta novela, creo (con estas cifras nunca se puede estar seguro), transcurre a lo largo de miles de años. Todo es enorme. Podría pensarse que en esta novela especular sobre el futuro consiste únicamente en agrandar a lo bestia elementos comunes de la ciencia-ficción y en parte es así, puesto que en la obra encontramos anillos de Dyson con un perímetro de una hora luz, criaturas del tamaño de un sistema solar, individuos clonados por millares y alguna cosa más que se me olvida. Lo cierto es que aunque Reynolds no inventa nada nuevo al menos sabe utilizar sus recursos adecuadamente.
 
            Poco se puede contar de la trama, que por cierto resulta bastante clásica, sin echar a perder las sorpresas que depara su lectura. Por un lado sabemos que hace millones de años existió una raza muy avanzada, la de los “Priores”, que desapareció misteriosamente del universo  dejando tras sí algunos valiosos artilugios. Sé lo que están pensando, como los “Heechees” que imaginó Frederik Pohl en Pórtico. Aprovecho para decir que si no la han leído aún, no pierdan el tiempo con esta torpe reseña y vayan a leerla. Los protagonistas de Casa de soles son miembros de los “Gentian” una organización cuyo fin además de perpetuarse es explorar el universo. Esta formada por clones de una misma persona llamada Abigail Gentian a la que el autor dedica el primer capítulo de cada una de las ocho partes que componen el libro. Lo cierto es que este relato intercalado dentro de la novela y en el que se cuenta el origen de los “Gentian” es una de las partes que más me han gustado del libro. El misterio lo aporta otra organización oculta llamada  “Casa de soles”,  que actúa en la sombra. Sí, ya sé lo que van a decirme, como en las Fundaciones de Isaac Asimov. ¡Y a mí que me cuentan! Si tienen alguna queja, diríjanse al autor. Ah, bueno, se me olvidaba decir que también hay un malvado traidor.
 
            Menos común es toparse en una space opera moderna con una historia romántica. Lo malo es que el autor no logra en ningún momento que el amor entre los protagonistas logre enternecer a nadie. La pareja de enamorados, Purslane y Campion, se van turnando en cada capítulo para contar la historia y no vean lo que lo que cuesta distinguir a la una del otro. Y aquí es donde fracasa la novela, en crear unos protagonistas diferenciados de carne y hueso que transmitan amor y pasión por los cuatro costados, algo que ni siquiera el bello y tierno final consigue arreglar. 
 
            La intriga está bien resuelta, hay tensión, batallas espaciales (para el que le guste, yo pienso que podía haberlas abreviado), crímenes, torturas futuristas, robots... todo lo que a un aficionado a este tipo de literatura le puede atraer. Si acaso el comienzo es un tanto titubeante y demasiado largo, no le habría venido mal una poda; es el caso, por ejemplo, de un personaje aparentemente significativo que desaparece repentinamente de la novela. Estoy convencido de que los amantes de la space opera clásica sabrán apreciarla.